La Emblemática Zona Rosa

(LeMexico) – Sería un grave error tratar de convertir la Zona Rosa en una réplica de “Las Vegas”. De hecho, ese es su problema, el exceso de lugares de “esparcimiento” poco controlados que facilitan el desarrollo de actividades irregulares o francamente ilícitas.

Ahora, la zona rosa debe de tener algo de “pecaminosa”, ese es el origen de su nombre (algunos lo atribuyen a Vicente Leñero y otros a José Luis Cuevas) y fue la sede de lugares míticos como la Cucaracha, el Mecano, El Perro Andaluz, El Nueve, el Rafaello, El Rock Stock, y muchísimos más.

La Zona Rosa debe mantenerse como un espacio para celebrar la diversidad, ser gay-friendly, fomentar la convivencia y el desarrollo de la industria de la hospitalidad. Eso requiere una buena estrategia en materia de seguridad y del ordenamiento de establecimientos de alto impacto. Eso implica, también, mejorar la imagen urbana, el espacio público, peatonalizar, construir ciclovías y mejorar las condiciones de espacios ya apropiados por diversas poblaciones, como la Glorieta de Insurgentes.

De hecho, las administraciones anteriores de la Alcaldía y el propio Gobierno de la Ciudad, han invertido de manera importante en la zona y en el entorno. Una opción es solamente incrementar la inversión en imagen urbana y dejar que, debido a la privilegiada locación, la inversión inmobiliaria recupere la zona. Eso representaría una oportunidad perdida para la capital en varios aspectos.

Se requiere un nuevo plan para la Zona Rosa. Un nuevo programa de desarrollo urbano que facilite la vivienda accesible, que capture plusvalías para financiar la infraestructura que se requiere, que promueva las enotécnicas, permita balancear mejor los distintos usos de suelo y haga posible reconvertir en vivienda parte de los edificios que ahora tienen uso de oficina. Se requiere tomar medidas para resolver los problemas de propiedad de predios y edificios abandonados o muy deteriorados.

El predial tendría que ajustarse para desincentivar la especulación y promover el desarrollo. La ciudad puede iniciar en la zona programas de renta de vivienda a costos moderados, ya que se trata de un área muy bien provista de transporte, así como subvencionar, por varias vías, a los establecimientos que queremos que se queden y crezcan, como librerías, anticuarios, tiendas de artesanías, foros culturales, galerías, escuelas.

Eso se debe complementar con el desarrollo de un corredor gastronómico, un programa para conservar el patrimonio arquitectónico del siglo XX, tan basto en esa área y con acciones permanentes como festivales y actividades que convoquen a las y los capitalinos a volver a la zona.

Es decir, reducir a un modelo de ciudad como “Las Vegas”, el acervo cultural y la carga histórica de la que goza la Zona Rosa, sería un error grave. Lo que habría que hacerse es un plan integral que potencialice las cualidades de que goza la zona fomente el turismo, la multiculturalidad, la accesibilidad y el esparcimiento. 

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