Repensar la movilidad en la Ciudad

Un tema que es, sorpresivamente, controversial cuando uno hace política de ciudad es el de las ciclovías. Aclaro, la enorme mayoría de las personas las apoyan, entienden su importancia para mejorar la movilidad y la calidad del aire de una ciudad como la nuestra, pero existen sectores que se oponen.

No me refiero solamente al elegante caso de la ciclovía emergente de Insurgentes, sino también a los esfuerzos que hacemos, junto con el Gobierno de la Ciudad de México, para generar infraestructura ciclista en Azcapotzalco, con ciclovías y biciestacionamientos, para conectarnos con el centro de la ciudad, con Naucalpan y con medios de transporte masivo como el Metrobús, el metro y el tren suburbano. Me parece que el problema es que, quienes implementamos políticas públicas en favor del uso de la bici, no siempre somos capaces de transmitir la información y los argumentos que existen para defender las ciclovías.

Un argumento en contra, por ejemplo, es que las ciclovías y en general el uso de las bicicletas generan accidentes. Pero de acuerdo con INEGI solamente el 0.75% de los accidentes viales son generados por esos vehículos no motorizados, cuando el 62% de los mismos los ocasionan los autos y el 7.8% las motocicletas. Además, las ciclovías ayudan a ordenar y a reducir velocidades excesivas en vialidades, así como a generar cruces seguros para los peatones, lo que en particular beneficia a las personas con discapacidad.

Es decir, más uso de bicis redunda en menos accidentes viales. Las encuestas nos indican que infraestructura como ciclovías, biciestacionamientos y sistemas de préstamos de bicicletas generan que más personas opten por la bici como alternativa de transporte cotidiano. Es decir, a más infraestructura, más ciclistas.

Se trata de una solución sustentable para mejorar la movilidad al conectar a las personas que hacen trayectos cortos para llegar a los sistemas masivos de transporte, lo que reduce el uso del auto y del transporte alimentador, como los micros. Los viajes con mayor probabilidad de ser sustituidos de un vehículo motorizado por la bicicleta son los que se realizan en más de 10 minutos de caminata y menos de 20 minutos en auto o transporte público.

El subsidio anual que gasta la Ciudad de México para el exitoso sistema ecobici, que justo tiene ese fin, la intermodalidad, apenas si llegará a los 100 millones de pesos, cantidad realmente menor en comparación con los miles de millones de pesos que se gastan en financiar la operación de otros sistemas de transporte público. 6 de cada 10 personas que usan ecobici antes no usaban la bicicleta, 4 de cada 10 usuarios son mujeres y 8 de cada 10 viajes se combinan con transporte masivo. Esto es, gastar en infraestructura ciclista tiene una buena relación costo beneficio para las ciudades.

El uso de la bici como medio de transporte tiene efectos de gran beneficio para la salud. Desplazarse en bicicleta disminuye en casi 50% las probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón y ciertos tipos de cáncer. Parte de los recursos recaudados con impuestos derivados de gravar productos de alto valor calórico deberían de ser destinados a generar infraestructura ciclista.

En el contexto actual de la pandemia, la bicicleta es un medio de transporte que reduce de manera importante la probabilidad de adquirir el virus cuando las personas se desplazan por la ciudad, ya que se evita el contacto durante parte de los trayectos. Es un medio de transporte accesible para la mayor parte de las personas, ya que no tienen que invertir en un auto para realizar viajes de manera individual.

La bicicleta es una opción accesible para reducir el riesgo de las enfermedades, en general, pero particularmente en tiempos de COVID. Es por ello, que es fundamental repensar la ciudad bajo un esquema de movilidad accesible y sustentable y, además, que no se centralice, sino que llegue también a las zonas periféricas.

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