Desde la butaca: Crímenes del futuro

Tabula Rasa

(LeMexico) – El cine es maravilloso, nos puede hacer reír, sufrir, emocionar y, en ocasiones, nos hace pensar y reflexionar sobre nosotros como personas o sociedad y sobre el futuro que nos espera. Actualmente, como buen verano, predominan películas dedicadas para menores de edad, los grandes blockbusters, alguna que otra comedia romántica y las infaltables películas de terror. Por lo general, en las grandes cadenas cinematográficas abundan pocas películas en muchas salas. De vez en cuando, destinan una sala, para exhibir de forma limitada algo que no sea comercial.

En la Ciudad de México, la Cineteca Nacional sigue siendo el espacio donde uno se puede escapar de la apabullante y no pocas veces monotemática cartelera comercial, o en plataformas digitales especializadas. Entre lo que actualmente se proyecta en cartelera, está la película más reciente de uno de los directores más controversiales que existen. De esos a los que unos le aplauden y otros le abuchean, pero que, sin duda, nunca pasan desapercibidos: David Cronenberg.

Aunque no podemos decir que Cronenberg realiza historias convencionales, tiene dentro de su filmografía películas que abordan temas que podríamos decir más o menos “normales” como M. Butterfly y Un método peligroso, que están basadas en historias reales; o las que abordan el tema de la violencia como Una historia de violencia y Promesas Peligrosas, donde se incluyen mafias y cosas por el estilo, resaltando que es más la violencia entre familia que con los villanos. Todas estas películas cuentan con diversos grados de complejidad que las vuelven en verdad interesantes.

Sin embargo, Cronenberg hace películas poco convencionales donde hay una mezcla de ciencia ficción, horror, pesadillas y pesimismo, sin olvidar la importancia que tiene la mente y sus complejidades, algo que comparte con el director Christopher Nolan, pero llevado al exceso.

Así, tras ocho años sin filmar, Cronenberg presentó en Cannes la película Crímenes del futuro, y lo hace sin guardarse ninguna de sus obsesiones. El argumento es el siguiente, tomado de la página de la Cineteca, para que no haya spoilers:

“En un futuro indeterminado, la especie humana se adapta a un entorno sintético donde el cuerpo sufre nuevas mutaciones. Acompañado por su compañera Caprice, el artista Saul Tenser exhibe de forma pública la metamorfosis de sus órganos en actuaciones vanguardistas. Sus movimientos son seguidos por Timlin, una investigadora del Registro Nacional de Órganos, así como por un misterioso grupo que se propone utilizar la notoriedad de Saul para revelar información sobre la siguiente fase de la evolución humana”.

En la película se puede ver que se abren los cuerpos y extirpan órganos, algo que en otros tiempos sería repugnante, pero que no es muy diferente a lo que se ve en canales como Discovery Home and Health. El motivo de esas cirugías es la premisa de que en un futuro la sobrevivencia de la humanidad entrará en un proceso de mutación con el fin de preservar la especie. Digamos que en una visión Darwiniana extrema, la especie humana evolucionará de manera artificial y de forma poco convencional.

El personaje principal tiene algo que se llama “síndrome de evolución acelerada”, una enfermedad provocada por el colapso ambiental, que lleva al cuerpo a producir órganos innecesarios. Así, en vez de ser un fenómeno de circo digno de Freaks de Todd Browning, cada operación para extirpar el órgano nuevo se convierte en una expresión artística. Lo que es una nada disimulada burla al arte.

El propio personaje señala que “Tengo un bulto en el abdomen. ¿Lo ves? ¿Picasso? Duchamp? ¿Francis Bacon, tal vez? ¿Soy un artista?” Las referencias no son gratuitas, los tres artistas fueron muy criticados en su época y no pocas veces descalificados de que lo que ellos hacían no era arte. El caso de Marcel Duschamp incluso es más extremo, ya que él no “hacía”, sino que “tomaba” cosas de la vida (recuerden su todavía controversial “La Fuente”), al igual que el personaje no “hace” órganos, sino que simplemente le nacen, es decir, los “toma”.

En una escena grotesca, que en mucho recuerda otra cinta de Croneberg, en el remake de La Mosca, se ve a una persona con ojos y boca cerradas con costuras pero con la cabeza y cuerpos llenos de orejas, que está haciendo un performance artístico (una crítica más al arte contemporáneo). Al estar efectuando un baile se oyen frases de “dejar de ver y dejar de hablar para poder escuchar”. Sin duda, otra censura a nuestros tiempos tan dados a que todos se expresen en redes sociales, pero sin detenerse a oír lo que dice la otra persona. Un mundo donde solo vemos y hablamos sin escuchar. Cronenberg parece decirnos que se requiere cerrar ojos y bocas, pero llenarnos de oídos.

La devastación ecológica tiene consecuencias. Cuando el destino nos alcance y Delicatessen abordaban el tema de que, sin conocimiento de la gente, ante la escasez de comida, la respuesta estaba en la carne humana. En la cinta de Cronenberg, la solución a la falta de alimentos es suplirlos con lo que más producimos: los plásticos. O nos comemos los plásticos o terminaremos muriendo por la falta de alimentos en el futuro. Como es de esperarse, no todos los cuerpos se adaptarán y muchos morirán en el intento. Acabemos con los plásticos antes de que acaben con la vida.

Es como si planteara que el castigo que merece la humanidad por la manera en que estamos destruyendo al mundo con tanta basura, es comernos esa basura. Aquí no hay Wall-E que limpie. Tanto plástico contaminante debe ser nuestro alimento. Digamos que se haría realidad la frase de “comida chatarra” o “sabor a plástico”. En la película, un grupo de personas recurre a cirugías para que sus cuerpos puedan vivir alimentándose de plástico. Sin embargo, desde la primera escena se nos plantea el primer caso de alguien que de manera natural logra evolucionar para comer. Esa capacidad del personaje nos lleva a cuestionar, si era un milagro o una aberración de la naturaleza. ¿Cómo reaccionaríamos ante algo similar?

Por último, destacó el tema del erotismo y el sexo. En La Mosca, el personaje de Jeff Goldblum, adquiere un apetito sexual insaciable una vez que su organismo se ve mezclado con una mosca, algo que no existía en la versión original. En Dead Ringers, donde unos gemelos, cirujanos ginecólogos, se relacionan sexualmente con una mujer en medio de personas con mutaciones. En Crash, los accidentes, la muerte, las deformaciones físicas, las cicatrices se convierten en catalizadores de lo erótico.

En Crímenes del Futuro, las personas han perdido la capacidad del placer físico. Cuando dicen que “la cirugía es el nuevo sexo”, es como criticar a quienes usan y abusan de las cirugías plásticas para mantenerse jóvenes. En Cronenberg, el dolor es una advertencia que ya no tenemos. La gente no se enferma, pero ha perdido las sensaciones físicas, el sexo ha sido reemplazado por el ligero dolor que provocan las extirpaciones de órganos (los pacientes son operados sin anestesia y no sufren dolor). No extraña que el momento de éxtasis lo encuentren cuando un bisturí va recorriendo lentamente la piel.

Si las personas en la película ya comen residuos plásticos; si el sexo es un acto mental, no físico; si no existe el dolor; si el gran espectáculo es ver cirugías en vivo o seres que han mutilado sus cuerpos voluntariamente (acaso como un acto más de rechazo al propio ser y al mundo que les rodea); ¿qué es lo que queda del ser humano tal y como hoy lo conocemos? Quizá en apariencia seamos los mismos, pero el mundo se dirige a una transformación donde no nos reconoceremos.

A Cronenberg le gusta provocar, sin duda alguna. Lo monstruoso le atrae para que el espectador experimente, según sus propias palabras, “una repulsión normal e innata, pero que al final llega haber una especie de belleza o una posibilidad de belleza en lo que encontró repugnante al principio. Es un proyecto estético, una tentativa de transformar la estética humana”. Crímenes del futuro quizá sea uno de los últimos trabajos de Cronenberg abordando temas desde el exceso, porque, como él mismo lo ha dicho:

“Debemos continuar luchando para quitar el control del mundo, del universo, de la realidad, aunque sea sin esperanza. Pienso que debemos hacerlo y pienso que cuanto más imaginativos y excesivos seamos, seremos mejores”.

Ver el cine fantástico de Cronenberg no es fácil, puede causar rechazo e incomodidad, pero vale la pena el riesgo, porque una cosa es segura, indiferente no sale nadie.

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