Política y medios: la nueva correlación

(LeMexico) – Desde sus orígenes, las democracias contemporáneas se caracterizan por vivir una disputa permanente entre medios de comunicación y políticos. En los últimos 50 años hemos atestiguado cruentas etapas de esta confrontación, otras de sana tensión y algunas de franca complicidad. Sin embargo, el saldo histórico favorece a los medios, hasta ahora.

The Washington Post

Por citar un clásico, recordemos que en 1972 The Washington Post tiró a Richard Nixon, presidente de EU. Medio siglo después, el periódico sigue circulando, en tanto que la carrera política de este insigne personaje se derrumbó estrepitosamente después del Watergate, pasando a la historia prácticamente por este vergonzoso episodio.

Excélsior y sus secuelas

En México, hay ejemplos de diferentes modalidades de relación entre medios y políticos, resultando el saldo invariablemente favorable a los medios, hasta ahora.

Si bien el artero golpe del 8 de julio de 1976 del entonces presidente Luis Echevarría contra Julio Sherer le arrebató la dirección de Excélsior, también es verdad que impulsó la aparición de nuevos y más vigorosos medios de comunicación que fueron acérrimos críticos al régimen priista:

El 6 de noviembre de 1976 Sherer regresó por sus fueros con la revista Proceso, que editaría de la mano de Miguel Ángel Granados Chapa y Vicente Leñero, entre otros. En diciembre de ese mismo año, 1976, Octavio Paz desafió al régimen con su revista Vuelta, en la que apuntó explícitamente que ante la censura oficial él, y parte del equipo de la revista Plural que editaba Excélsior, estaba de vuelta para seguir dando la batalla por la democracia y la libertad de expresión. Al siguiente año, el 14 de julio de noviembre de 1977, se publicó el primer ejemplar del unomásuno, fundado por Manuel Becerra Acosta tras su salida de Excélsior.

En este sentido, el ignominioso ataque a Excélsior para acallar la crítica fue un bumerang para el régimen. Afortunadamente.

Los presidentes

El presidente Salinas de Gortari, inspirado en la relación de Miguel Alemán con Televisa, privatizó Imevisión y el 18 de julio de 1993 se declaró ganador a Ricardo Salinas Pliego, que, cuenta la leyenda, contó con el apoyo de Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente. Hoy TV Azteca es un medio consolidado que se ha expandido en tanto Salinas no es precisamente el santo de la devoción del imaginario colectivo.

Zedillo, como presidente, tuvo una confrontación abierta con El Universal, que derivó en la detención de Juan Francisco Ealy Ortiz el 13 de septiembre de 1996. 24 horas después Ealy Ortiz salió libre y a la fecha sigue al frente de su periódico que ha mutado en poderosa plataforma digital.

Zedillo, por su parte, vive exiliado desde que terminó su gestión. Gracias a su predominio en la generación de corrientes mayoritarias de opinión pública a nivel nacional, Televisa prácticamente cogobernó México durante tres sexenios seguidos.

Con Fox, fue legendaria la injerencia de Bernardo Gómez en los Pinos. Incluso Fox cambió la normatividad para reducir significativamente los tiempos oficiales y liberó licencias de casinos para beneficio de este grupo.

Con Calderón, la injerencia en materia de seguridad fue insólita. Como botón de muestra está la dramatización del arresto de Florence Cassez, transmitido en vivo por el Canal de las Estrellas.

En el caso del presidente Peña, la historia es francamente de telenovela.

AMLO y su contexto

Hoy, la confrontación entre el presidente López Obrador y los medios de comunicación tradicionales se da en un contexto que apunta a una nueva correlación de fuerzas entre el poder mediático y el político. La irrupción de las redes sociales no solo representa la creación de nuevos canales de distribución de contenidos accesibles a políticos como AMLO, también afecta la dinámica interna de los propios medios de comunicación tradicionales pues ofrece la oportunidad de migración de su plantilla de periodistas, comentaristas y columnistas a estas nuevas plataformas.

Hoy asistimos a la ebullición de redes sociales encabezadas por periodistas y comentaristas de la viaja guardia que compiten con influencers de la nueva ola: López Dóriga, Adela Micha, Carlos Loret de Mola, Luis Cárdenas ahora compiten en la blogosfera con Chumel Torres, Callo de Hacha, Luisito Comunica, por mencionar algunos casos. Esta nueva opción, además de mermar la cantera periodística de los grandes medios, termina con su monopolio y política de exclusividad que tuvieron durante mucho tiempo.

Las tecnologías de la información y comunicación, TICs, también propician la aparición de canales de distribución de contenidos con una intencionalidad política explícita como la Truth Social lanzada por Donald Trump el 21 de febrero de este año para evadir las regulaciones y censura de Twitter y Facebook. En España, Pablo Iglesias lanzó su podcast La Base los últimos días de enero de este 2022, con el propósito de denunciar los intereses y la manipulación editorial de los conglomerados mediáticos que predominan en la península ibérica.

Este cambio en la correlación de fuerzas entre política y medios, sin duda, abren una ventana de oportunidad a políticos como AMLO, que está empeñado en transformar las relaciones de poder en el país. Hoy no se enfrenta a un monopolio mediático, sino a una creciente fragmentación de ofertas mediáticas en la cual él puede incidir y participar, de ahí que hable de las benditas redes sociales y su contribución como espacio de socialización para que la gente se entere de su versión de la realidad. De ahí también su estrategia de comunicación basada en las mañaneras y en una intensiva y extensiva presencia mediática.

Como sobreviviente de legendarias batallas políticas, AMLO sabe que no hay tregua, marcha atrás ni puntos intermedios. Por eso, su empeño de erosionar, un día sí y otro también, el valor fundamental de medios y profesionales de la comunicación: la confianza en su credibilidad a partir de la denuncia pública de los intereses con los que están comprometidos. Sabe que de parte de varios medios de comunicación todos los días recibirá el mismo trato editorial. Amor con amor se paga. Seguramente el 30 de septiembre de 2024 López Obrador dejará de ser el presidente de México. Lo que no sabemos es cómo terminará la credibilidad de medios, periodistas, comentaristas e intelectuales con los que se está enfrentado.

La nueva correlación de fuerzas entre política y medios apunta a que difícilmente habrá un ganador que salga indemne e impune en esta cruenta e inédita batalla mediática.

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