¿De qué forma América Latina puede combatir el cambio climático?

(LeMexico) – La forma más eficaz para frenar un poco la crisis climática es reducir las emisiones de efecto invernadero, avalado por la ciencia. Sin embargo, hay otras formas en las cuales podríamos ser líderes.

América Latina es rica en biodiversidad. Esta es clave, pues es la biodiversidad la que se encarga de mayor absorción de dióxido de carbono, explicó Serena Heckler, asesora sobre Ciencias Ecológicas y de la Tierra de la Unesco. Hay ejemplos de esta opción de contribución en la lucha contra el cambio climático.

El más grande es el Amazonas, la selva tropical más grande del mundo. Anualmente absorbe miles de millones de toneladas de dióxido de carbono, es la mayor defensa que tenemos contra la crisis. Sin embargo, la sobre explotación maderera, incendios para invasión de terrenos, entre otras acciones, la ha puesto en jaque en los últimos años.

Tenemos otras opciones en América Latina que funcionan como sumideros de carbono: el corredor biológico mesoamericano, la mata atlántica, el pantanal y todos los manglares a lo largo de este territorio. Los ecosistemas terrestres y biológicos son las mejores defensas que tenemos. La Unesco considera que los países de la región son conscientes de la responsabilidad que tienen al salvaguardar dichos ecosistemas, ¿será?

La clasificación de países mega diversos corresponde a países con un 70% de diversidad de especies. Entre esos países estamos Colombia, Perú, Ecuador, Brasil y México. El perder a nuestra biodiversidad se liga directamente al problema climático, de acuerdo con el estudio del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas.

No sólo los animales, también los bosques, humedales, manglares y ecosistemas, desempeñan un papel en la fluctuación del equilibrio ecológico. El perderlos implica el perder el equilibrio ambiental, el cual es evidente que estamos perdiendo de forma acelerada.

El que los gobiernos se enfoquen en reducir la destrucción de ecosistemas y la biodiversidad haría que por consecuencia se reduzcan las emisiones de gases efecto invernadero, conservando los sumideros terrestres y marítimos, de esto se informa en el IPCC. En números, se traduce que el reducir la degradación y deforestación, ahorra de 0,4 a 5,8 giga toneladas de dióxido de carbono por año, el equivalente a las emisiones de la Unión europea y Estados Unidos en 2019.

Dentro de los ecosistemas hay variaciones en cuanto a efectividad de la absorción de estos gases, los manglares absorben 4 veces más carbono que los bosques tropicales por unidad de superficie. La biodiversidad terrestre contribuye con el almacenamiento de carbono en los suelos, han logrado almacenar 0,4% más carbono orgánico en los suelos agrícolas al año, propiciando el aumento de la producción de trigo, arroz y maíz.

Estas acciones se vuelven más efectivas que hacen los componentes naturales por el simple hecho de que existen y esa es su función en los ecosistemas si van de la mano con las acciones de la humanidad para reducir las emisiones de gases efecto invernadero. Es decir, debemos trabajar de la mano.

Recordemos que América Latina será, y ya está siendo, de las regiones más afectadas por el cambio climático. Esto está avalado por el más reciente reporte de la Organización Meteorológica Mundial. Por lo tanto, la intensidad de sufrir estas consecuencias depende de nosotros. Es por ello que es de suma importancia el que regionalmente se identifiquen los riesgos, los motivos que los causan y trabajar en estrategias para eliminarlos, además de cuidar y enriquecer los ecosistemas que tenemos localmente.

En México, ya hay regiones con escasez permanente de agua, afectando a 20 millones de habitantes, una cifra que aumenta cuando la escases es estacional por la falta de lluvias. De acuerdo con Serena Heckler, no siempre en las partes del país que necesiten mayor precipitación serán en las que haya lluvias. Se estima que las sequías y el temporal de incendios se agravaran año con año. Los ciclones serán más intensos en la zona del Caribe, incentivos por el aumento del nivel del mar.

Con las olas de calor en el hemisferio norte, se comprueba que no habrá ni hay rincón en el mundo que se salve de las inclemencias del cambio climático, el calentamiento global no discrimina. Sin embargo, la población más vulnerable son las personas de escasos recursos, niñas y mujeres, migrantes, personas discapacitadas, desplazados y pueblos indígenas, son quienes soportan las peores consecuencias de la tensión económica, ambiental y social, de qué forma, son quienes suelen ser menos atendidos por los servicios públicos, al tener menor seguridad económica ni los recursos para poder costearse artículos de primera necesidad.

No poder comprar chamarras, cobijas, calefacción, electricidad o ropa abrigadora para hacerle frente a un temporal frío o adquirir botas de lluvia, laminas para sus hogares, hasta un simple paraguas en temporadas de lluvia. El poder adquirir servicios de primera necesidad como la luz, agua, gas, es algo con lo que algunos grupos como los mencionados no se pueden permitir, lo que los vuelve más vulnerables al clima.

En la próxima Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP26, que se realizara en Glasgow, ya a un par de semanas, los ojos del mundo estarán en los lideres que trataran esta problemática climática, esperando que no se olviden de estos grupos y todos los habitantes a quienes gobiernan y de quienes malabarean con sus impuestos.

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