El poder desde lo local

(LeMexico) – El postulado de desarrollar países y regiones desde el ámbito local ha sido una defensa difundida desde la década de los ochenta por exponentes de los estudios urbanos, de la administración pública municipal y de la democracia participativa.

Los ayuntamientos, las alcaldías o las administraciones municipales son la primera línea de contacto entre gobierno y ciudadanos. Es en estos espacios donde las autoridades tienen la responsabilidad de solucionar demandas básicas de dimensión individual y colectiva.

En casi todas las latitudes, los municipios tienen atribuciones sobre los servicios de agua, redes y saneamiento; alumbrado público; recolección de residuos; pavimentación, ordenamiento público y recaudación por derechos de propiedad; mantenimiento de parques y jardines, así como seguridad preventiva.

Esto no presupone que sus recursos económicos, humanos y estratégicos se agoten en estas funciones, sino que está referido a que -de toda la complejidad municipal- éstas son prioritarias e innegociables.

En términos conceptuales, las alcaldías son, respecto a sus habitantes, el primer frente de gobernabilidad y receptividad (responsiveness). Lo primero es la capacidad de las autoridades para responder a las demandas ciudadanas; lo segundo es su cualidad para reaccionar sensible, rápida y positivamente.

Es en las localidades donde los vecinos identifican mejor sus problemáticas inmediatas, esenciales para su bienestar personal. Sin embargo, en dicha dimensión también se enmarca el espíritu de la polis, traducida como «vivir colectivo, asociado y en comunidad». Dicho sea de paso, policía proviene de «polis», que significa «orden para la ciudad».

La Ciudad de México es una metrópoli de aproximadamente mil 500 kilómetros cuadrados donde viven poco más de nueve millones de personas. Es el equivalente al total de la población de Israel y poco más de Austria o Suiza. En su seno caben juntas las poblaciones de Irlanda y Panamá. Gobernarla, independientemente de la filiación política o las preferencias ideológicas de sus autoridades, es un asunto público complejo y extenuante.

De ahí la importancia de haber delegado las funciones administrativas y de gobierno (hasta 1997 centralizadamente) en 16 divisiones territoriales. Dentro de éstas sobresalen, en ese orden, Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Coyoacán.

En términos de desarrollo son «modelos referenciales» útiles para ciertas localidades mexicanas, si bien, por supuesto, son lugares con áreas críticas y de mejora (seguridad, espacio público, calidad de servicios y enajenación ilegal de propiedades).

¿A qué dato se recurre para referirlas como ejemplos? Al Índice de Desarrollo Humano (IDH), definido, en palabras simples, como el progreso calculado a través de la esperanza de vida al nacer, tasas de escolaridad y de alfabetización de adultos, así como PIB per cápita.

Al menos desde 2010, Benito Juárez y Miguel Hidalgo ocupan, respectivamente, primero y segundo lugar nacional, en tanto que Coyoacán ha oscilado entre cuarta y quinta posición.

Al registrar puntajes de entre 0.918 y 0.883, dichas alcaldías guardan semejanza, tomando sus debidas proporciones, con ciudades como Seúl (0.916), Barcelona (0.914) o París (0.901). Superan a Budapest (0.866), Montevideo (0.854) o Estambul (0.837). La media de México país es de 0.779.

El Consejo de Evaluación de Desarrollo Social de la Ciudad de México es una institución autorizada en el estudio de la metrópoli. Algunos datos de ésta y otras fuentes pueden visualizar la condición de estas localidades:

Indicadores poblacionales, sociales y de vivienda

Fuente: EVALÚA CDMX bit.ly/3Cta6zV; IMCO bit.ly/3lEM8uN; TINSA MÉXICO bit.ly/3Ew11bD; SNIV bitly.is/3hL04m1

Benito Juárez es la alcaldía con mayor densidad poblacional, al grado que duplica a Miguel Hidalgo. Asimismo, en 2019 tenía el mayor número de carpetas abiertas de investigación. Miguel Hidalgo posee el precio más alto de vivienda por metro cuadrado (sobre todo en las de lujo) y de las tres es la menos poblada. Coyoacán, por su parte, supera doblemente a Benito Juárez en superficie territorial. Tiene, a su vez, mayor tamaño de población y produce, por consiguiente, más tonelaje de residuos al día (aunque en términos per cápita es menor a las otras dos).

Las tres, finalmente, se asemejan al registrar tasa cero en carencia por drenaje y servicios sanitarios (Miguel Hidalgo más eficaz), y presentan porcentajes similares en cuanto a población adulta mayor e infantil habitando en sus jurisdicciones.

La pregunta que resulta conveniente formular es cómo lo lograron. ¿Por qué estas demarcaciones concentran a «la población de más altos ingresos, que dispone de los mejores equipamientos de salud, educación, cultura y recreación, y que goza de la mayor calidad y nivel de servicios de agua, drenaje, electrificación y transporte»?

Hay diversas hipótesis enunciadas, pero las más citadas tienen en común su relación con un proceso afirmado a lo largo del tiempo: 1) la despoblación gradual del área céntrica y su emigración hacia estas colindancias; 2) las «acciones intencionales» para desarrollar polos de tipo departamental y residencial; 3) la consolidación de estas zonas desde el punto de vista urbano, con usos de suelo delimitados y territorialmente ocupados; 4) la generación de un sistema de impuestos de propiedad con márgenes reducidos de «invisibilidad», y 5) la ubicación estratégica de las tres alcaldías que proporciona una movilidad efectiva hacia casi todos los puntos de la metrópoli. En sentido práctico, todo se reduce a que en ellas hay una confluencia, en cierto modo estandarizada, de riqueza o bienestar.

Este conjunto de factores hace que las circunstancias de los casos en tratamiento sean replicables a un conjunto específico de municipios mexicanos (pienso, por ejemplo, en el caso de las capitales, y no todas).

El 1 de octubre entrarán en funciones los nuevos mandos políticos en las alcaldías de la Ciudad de México. Sería aventurado afirmar, por no decir excesivo, que de ellos depende la dinámica social y económica en sus territorialidades.

Sí, en efecto, son un factor importante, sobre todo en cuestión de orden y generación de condiciones para su potenciación. Sin embargo, son cada vez más los márgenes de autonomía que las esferas de las relaciones privadas y sociales están adquiriendo respecto al poder público.

A partir de la definición de reglas claras, las autoridades deben contribuir a que los municipios prosperen o sean exitosos.

A mi juicio, ésta puede ser la esencia del poder desde lo local. Que las decisiones de los gobiernos hacia los ayuntamientos no entorpezcan ni limiten el desarrollo de sus demarcaciones y habitantes, eliminando medidas de intromisión o distorsión, pero fortaleciendo la colaboración. En términos de «capital social», esto mismo aplica, sobre todo, para las alcaldías con relación a los gobernados.

Alejandro Mujica

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