Breve panorama del suicidio

México está por debajo de la tasa mundial de suicidios, pero se sitúa entre los países con mayor crecimiento

(LeMexico) – El suicidio es la forma de violencia más extrema que un ser humano puede infligirse. Es reconocido como asunto de salud pública, lo cual implica que dicho problema, «asociado a trastornos mentales, emocionales y existenciales», guarda lugar en las agendas de gobierno y es sujeto a políticas, recursos y atención (incluida la epidemiológica).

Institucionalmente, México ha venido desarrollando líneas de estudio y acción contra el suicidio por medio de la Secretaría de Salud; específicamente, los Servicios de Atención Psiquiátrica, la Comisión Nacional contra las Adicciones y el Consejo Nacional de Salud Mental. Sobresalen, también, las contribuciones de los institutos Nacional de Psiquiatría y Mexicano del Seguro Social, a la par de los centros científicos y de investigación superior como la UNAM con su Programa de Atención y Prevención del Riesgo de Suicidio.

A estos esfuerzos se añaden, desde el ámbito social y privado, las actividades realizadas por organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles y congregaciones religiosas.

El suicidio, la salida disruptiva para suprimir el sufrimiento, no respeta raza, nacionalidad, economía ni edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) divulgó, antes bien, que en 2019 más de 77 por ciento de los suicidios sucedieron en países de ingresos bajos y medios.

En cuanto a México, investigadores nacionales encabezados por el especialista Guilherme Borges de la Universidad Autónoma Metropolitana reportaron que desde 2010 el suicidio era una de las cinco principales causas de muerte hasta los 34 años y tercera entre los 15 y 24. Una década después, la Secretaría de Salud dio a conocer que durante el año del confinamiento por COVID-19 se habían suicidado 3 mil 332 personas.

¿Cómo estamos respecto a otros países? ¿Qué hallazgos podemos destacar? Los datos del Banco Mundial entre 2000 y 2019 por cada 100 mil habitantes, suministrados por la OMS y el Observatorio Mundial de Salud, son útiles para este ejercicio de comparación.

Es coincidente con la mayoría de las fuentes en cuanto a que el suicidio en nuestro país ha ido en aumento: de 2000 a 2017 incrementó 68.5 por ciento, al tornar de 3.5 a 5.9 por cada 100 mil habitantes. La cifra más reciente, la de 2019, registra un ligero descenso al establecerse en 5.3. Visto así, México es inferior en 42 por ciento al promedio del mundo ubicado en 9.17 suicidios.

La tasa mundial de suicidios es liderada por dos países africanos, Lesoto (72.4) y Suazilandia (29.4), junto a uno de América del Sur, Guyana (40.3).

El primer asiático en el ranking es Corea del Sur (28.6), de los países bálticos es Lituania (26.1), de Europa occidental es Bélgica (18.3) mientras que del este europeo es Hungría (16.6).

Asimismo, Estados Unidos es puntero en América del Norte con 16.1, Finlandia en la región escandinava con 15.3, en tanto Japón dejó de ser el referente de suicidios al transitar de 25.6 a 15.3, esto es, 40 por ciento menos entre 2003 y 2019.

En términos de políticas y acciones de contención y reversión, ¿qué países reportan mejores rendimientos? Con más de 180 países contabilizados entre 2000 y 2019, el promedio mundial de éxito en disminución de suicidio es de 29.2 por ciento. Entre ambos años, México reportó un crecimiento de 51.4, lo que supone estar casi 80 puntos superior a la media. En la tabla general, somos superados tan solo por siete países: Bahamas, Brasil, Chipre, Arabia Saudita, Paraguay, Corea del Sur y Lesoto.

Elaboración propia con datos del Banco Mundial: bit.ly/3k3mkJo

El cuadro precedente evidencia cómo nuestro país, en términos de crecimiento porcentual en suicidios, despunta sobre regiones, grupos de países y niveles de ingreso (San Vicente y Las Granadinas, una nación de 110 mil personas, es la más exitosa). Es correcto que en tasa de suicidios por cada 100 mil habitantes nos situamos entre las posiciones más bajas. Sin embargo, el tema no deja de ser preocupante si nos comparamos internamente a lo largo de los años.

La decisión por el suicidio supera el esquema racional. La mayoría de las investigaciones concluye que, con sus excepciones, el suicida suele estar dominado por sus emociones. Expertos como el Dr. Hiram Hernández Bringas ha documentado que la incidencia de suicidio ha ido en aumento desde la pasada década de los cincuenta.

El hecho de alertar sobre este fenómeno revela lo importante que es preservar los esfuerzos del Estado y de las organizaciones sociales y civiles para enfrentarlo desde todos los enfoques y acciones posibles. Ninguno debería ser subestimado.

En la medida que este trastorno afecta esencialmente a jóvenes puede decir mucho del presente económico, de sus expectativas, así como del desarrollo personal y profesional que ellos están visualizando.

Alejandro Mujica

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