Lecciones desde Haití

Tabula Rasa

(LeMexico) – El segundo país en América en lograr su independencia de los grandes imperios europeos fue Haití en 1804. El sentimiento que produjo dicho acontecimiento lo retrata Alejo Carpentier, cuando en su monumental El siglo de las Luces, apunta que al llegar el protagonista de la novela a Puerto Príncipe y presenciar el levantamiento revolucionario contra los franceses, “se estaba asistiendo, allá́, al nacimiento de una nueva humanidad”.  

Sin embargo, la nueva humanidad que veía el personaje de Carpentier nunca llegó. Hoy Haití es el país más pobre del continente. Ocupa el lugar 170 sobre 189 países en el Indice de Desarrollo Humano. Se estima que viven por debajo de la línea de pobreza el 75% de la población, donde la alfabetización es menor al 50% y tienen una tasa de desempleo del 70%. En los últimos años ha padecido fuertes terremotos, intensos huracanes, extendidos contagios de cólera. Por si fuera poco, Haití es el único país del continente que no ha vacunado a una sola persona contra el COVID.

La inestabilidad política también ha sido una constante: gobiernos despóticos y dictatoriales, frecuentes golpes de Estado, presidentes que renuncian a sus cargos, una invasión de los Estados Unidos, etc. Podemos decir que la etapa moderna inicia tras la caída de la dictadura de Jean Claude Duvalier en 1986, con el país intentado integrarse a una vida democrática, aunque con resultados magros como resalta el hecho de que en los últimos 33 años, han habido 15 presidentes y 22 primeros ministros

La forma de gobierno es un semipresidencialismo, donde el Presidente, Jefe de Estado, es electo por voto popular en dos vueltas si es que nadie logra obtener más del 50% de los votos en una primera ronda. El periodo presidencial es de 5 años. El Jefe de Gobierno es encabezado por el Primer Ministro designado por el Presidente y ratificado por una Asamblea Nacional, la cual está compuesta por una cámara de diputados y una de senadores.

El sistema electoral es muy particular. La participación electoral es muy baja, en promedio del 34% en las elecciones presidenciales. La laxitud para registrar partidos políticos y candidatos hace que existan más de 250 partidos políticos y que en las elecciones de 2015 hubiese 56 candidatos a la presidencia, número que se redujo a 27 en los comicios de 2016. Por cierto, la legislación incluye como un posible castigo a los delitos electorales, los trabajos forzados. A todas luces es un sistema muy frágil.

En 2015 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales, mismas que ganó en primera instancia Jovenal Moïse, pero sin obtener el voto necesario para evitar una segunda vuelta. La segunda vuelta se programó para diciembre de 2015, pero se pospuso para enero, luego para abril y luego para octubre de 2016. La razón por la que no se llevaron a cabo fue porque hubo grandes impugnaciones de fraude, lo que derivó en que se cancelara todo el proceso y finalmente se convocara a nuevas elecciones en noviembre de 2016.

Para estos comicios, con una participación electoral del 18%, se eligió nuevamente a Moïse con el 55% de los votos, por lo que se evitaba una segunda vuelta. Una y otra vez, las elecciones en Haití no son una competencia sino una batalla como cita Salvador Romero en su libro Elecciones en América Latina a Victor Benoit.

Al no existir un presidente electo, se tuvo que nombrar a un presidente interino en febrero de 2016, quien duraría en el cargo un año. También cabe señalar que durante los comicios de 2015 se llevó a cabo la elección de los nuevos miembros de la Cámara de Diputados y de Senadores, quienes iniciarían sus encargos a partir de febrero de 2016 para terminar en 2020.

De acuerdo con la constitución, el período del mandato presidencial es de cinco años y debe iniciarse y terminarse el 7 de febrero siguiente a la fecha de las elecciones. Como ya señalamos, las elecciones de 2015 se cancelaron y hubo nuevos comicios en 2016, por lo que Moïse tomó posesión en 2017. Por este motivo, Moïse señala que su periodo quinquenal terminaría en 2022. Sin embargo, la oposición señala que el período que le corresponde debía terminar en 2021 (tomando como base la fallida elección de 2015) y llamar a elecciones en 2020. 

Las instancias facultadas para dirimir lo anterior son el Tribunal Constitucional y el Consejo Electoral Permanente, pero ambas se encuentran disueltas, por lo que prevaleció el criterio de Moïse, lo que ocasionó que en febrero de este año un grupo de opositores intentaron que se nombrara a un juez de la suprema corte como presidente interino. La respuesta del gobierno fue arrestar a los opositores por considerar que intentaron un golpe de estado. De hecho, el entonces ministro del exterior, Claude Joseph señalaba que dicha conspiración intentaba asesinar al Presidente

Al terminar el periodo de 5 años de la Asamblea Legislativa, y no haber elecciones para renovarla, el Presidente anunció su disolución formal de forma muy moderna a través de Twitter. De esta forma, sin poder legislativo, Moïse gobernó el último año mediante la publicación de decretos. Y para coronar lo anterior, el presidente ordenó utilizar los recursos destinados a la Asamblea Nacional para la construcción de 10 escuelas. Esto evidentemente fue polarizando aún más las relaciones del Presidente con la oposición y con la sociedad misma. 

Las elecciones para elegir al nuevo presidente y a una nueva Asamblea están programadas para el próximo septiembre, junto con una propuesta para también realizar un referéndum para convocar a una nueva constitución, la cual redactó el propio Presidente con un pequeño grupo de asesores, donde las principales propuestas eran darle mayores poderes a la presidencia, desaparecer al Senado y transformar al primer ministro en una vicepresidencia.

Haití no solo tenía problemas de orden constitucional, sino que a la situación de desastres naturales y las condiciones de pobreza del país, se le deben sumar los de violencia ocasionada por las pandillas. El Presidente decretó un estado de emergencia como una medida desesperada para contener el crecimiento de los secuestros, sin duda el delito que más golpeaba a la población, sin que lograra grandes resultados. De hecho, una de las expresiones más dramáticas es que se empezaron a suceder secuestros a estudiantes y profesores, temor que mantuvo las escuelas cerradas por meses. En esta violencia incontrolable también se han incrementado los asesinatos de policías, periodistas, activistas y hasta se han atacado a médicos sin frontera

Jovenal Moïse fue asesinado en su casa por un comando armado de al menos 26 hombres. A su muerte, tomó posesión del gobierno el primer ministro interino Claude Joseph. Sin embargo, poco antes de morir, Moïse había anunciado que Ariel Henry tomaría posesión como nuevo primer ministro durante esta semana, lo cual no llegó a suceder. Lo que sí ha pasado es que ahora Henry ha reclamado para sí el poder. Con esto, en vez de contribuir a la calma, se aviva una fuerte lucha por el poder en el que la estabilidad del país es lo de menos.

Dice Robert I. Rotbeerg en “The Failure and Collapse of Nation-States: breakdown, prevention, and repair” capítulo incluído en el libro que él mismo edita When States Fail: causes and consequences, que los Estados fallan “cuando son consumidos por la violencia interna y dejan de entregar bienes políticos positivos a sus habitantes. Sus gobiernos pierden credibilidad y la naturaleza continua del propio Estado-nación en particular se vuelve cuestionable e ilegítima en los corazones y las mentes de sus ciudadanos”. En este sentido, el magnicidio vino a completar la tormenta perfecta en Haití. La falta de instituciones consolidadas no permite procesar los trágicos acontecimientos y existe el riesgo de acercarse a un Estado fallido.

A la situación de pobreza que parece no tener fin se le ha agregado una incapacidad gubernamental para controlar la violencia. Hay zonas donde el Estado ha desaparecido. La falta de elecciones periódicas ocasionó que no exista una Asamblea formalmente constituida. Un presidente empeñado en mantenerse en el poder contra una sociedad que exigía su salida fue tensando el ambiente. Así, con lo que está pasando en Haití, como dice Ralph P. Chevry, miembro del Centro de Haití para Política Socioeconómica, al Washington Post, “estamos siendo testigos de la creación de una Somalia en América”.

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