Buen Fin, mal año

Esta décima edición del Buen Fin traerá muchos carismas y desazones por igual, como en otros años, pero eso sí, esta vez tenemos novedades…

La idea de comprar “al más bajo costo del año” es muy diferente a comprar al más bajo costo del mercado. Muchos usuarios aseguran que los productos no bajan realmente de precio, e incluso, están más baratos en otras épocas. También afirman que los ganchos para comprar con tarjetas de crédito cuestan hasta 30% más caro. Con todo, los mexicanos seguimos comprando a placer de estrategias sucias y peregrinas que las marcas y tiendas departamentales nos lanzan.

Las únicas novedades aceptadas en esta edición son: la pandemia con sus medidas sanitarias y el plazo: durará doce días. Fuera de eso, lo demás es igual: adelantan la mitad del aguinaldo, no baja la canasta básica, Walmart somete a sus trabajadores con el “Fin Irresistible“, no baja la luz, el SAT sortea dinero, no hay sueldos dignos, la gente presume en redes sociales sus nuevas y las marcas como Samsung, LG o Sony se enriquecen más y más.

Cosas vemos, deudas no sabemos

Es bien curioso como en el mundo, el promedio para cambiar productos electrónicos de entretenimiento como televisores, es cada siete años, mientras que en México es cada cuatro y el mínimo de tamaño de compra son 55 pulgadas.

Esto coloca una diatriba muy amarga entre la realidad y lo real. Lo real es que hay al menos 60 millones de mexicanos en pobreza extrema y el ingreso laboral promedio de la población ocupada es de $4,414,09 mensuales. La realidad es que, como mexicanos, preferimos tacos y televisión contextualmente hablando del famosísimo “pan y circo” del poeta romano Juvenal a exigir salarios dignos y prestaciones más cómodas con todos.

No es una recomendación focal ni unitaria de cómo consumir, simplemente es una invitación a la instrospección. Los tiempos son turbulentos y de incertidumbre. Cuidemos nuestro dinero que con el sudor de la frente nos cuesta ganar.

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