Marcelo Ebrard

Marcelo Ebrard ha sido un activo de la izquierda mexicana desde hace mucho tiempo. Quien no lo vio así, la dirigencia del PRD de la década pasada, por ejemplo, perdió y mucho.

Marcelo, como Jefe de Gobierno, supo construir desde el proyecto de una capital más igualitaria, el de López Obrador, a una ciudad más moderna, con mejor transporte y espacio público, garante de los derechos de las personas.

En su administración se construyó una nueva línea de metro, que hoy se va a ampliar, se multiplicó el Metrobús, se instauró un sistema de bicicletas públicas, se recuperaron espacios como Avenida Madero y la Plaza de la República, pero, además se aprobaron los matrimonios igualitarios y la interrupción legal del embarazo. La capital recobró también buenos números en seguridad. En realidad, se demostró que, como ahora lo hace la administración de Sheinbaum, la izquierda gobierna bien la ciudad. El proyecto de ciudad de AMLO, Ebrard y Claudia es el mismo, el de una ciudad mejor, más justa e incluyente.

Otros gobiernos, en cambio, se dedicaron al espionaje o al negocio inmobiliario. Ebrard, según el Diario El País, es el segundo hombre del gobierno, con responsabilidades que claramente rebasan a las que tradicionalmente han tenido los cancilleres en México. Eso, seguramente, genera envidias y despierta mezquindades. Difícil creer que alguien pueda dirigir a un partido en el gobierno si su estrategia es descalificar al principal apoyo del presidente en la administración pública.

Marcelo Ebrard ha dicho que lo que le ocupa es la delicada tarea de garantizarle al país el rápido acceso a una o varias vacunas seguras para el COVID. Nada es más importante en estos momentos. En otros lados, en la capital, es también evidente que el tema de la dirigencia de Morena no es una distracción, que los esfuerzos están en controlar la pandemia, reactivar la economía de la ciudad, mejorar la seguridad y concluir los proyectos de movilidad y espacio público ya iniciados.

Me parece que se equivocan y le hacen un flaco favor al proyecto de Andrés Manuel López Obrador, quienes quieren ver en el proceso de la dirigencia de Morena, disputas o influencias que simplemente no existen.

Lo que sí está en juego, y eso debe importar mucho a quienes apoyamos la agenda de transformaciones del Presidente, es contar, cuanto antes, con una cabeza y una organización electoral que permita ganar para la causa el mayor número de posiciones ejecutivas y legislativas. Eso es legítimo en democracia y es lo que va a contribuir a la estabilidad política del país y al logro de objetivos fundamentales, como redistribuir el ingreso y ofrecer servicios públicos básicos a las grandes mayorías sociales. Eso requiere de cierta prudencia, de evitar descalificaciones absurdas y de pedir a los contendientes para dirigir Morena un proyecto en el que quepan la multitud de expresiones y visiones de quienes han acompañado López Obrador en su camino y hoy se interesan en apoyar a su gobierno.

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