El mundo no importa

Tabula Rasa

Una de las constantes a lo largo de la historia es que los países están en continuas tensiones y enfrentamientos, que en no pocas ocasiones derivan en situaciones de guerra.

Las reflexiones de que los países deben de estar preparados para la guerra se encuentran en casi toda la filosofía política clásica. Sin embargo, cuando Thomas Hobbes publica allá por 1651 su obra cumbre, Leviatán, entre las muchas aportaciones que entrega Hobbes y que terminarían marcando un hito en la forma de concebir a los hombres, sociedades y al Estado mismo, señala que “el fin del Estado es la paz y la defensa de todos”.

Lo anterior no es más que la expresión teórica de lo sucedido unos años atrás, en 1648, en Westfalia, región ubicada dentro de los límites actuales de Alemania. Ahí, se reunirían representantes diplomáticos de los principales reinos de la época para ponerse de acuerdo entre ellos y ponerle punto final a la Guerra de los Treinta años que involucró a casi todos los países de Europa y a la Guerra de los Ochenta Años entre España y los Países Bajos. Estos acuerdos conocidos como la Paz de Westfalia sería el primer gran triunfo global de la diplomacia.

Si bien, como señala Henry Kissinger en su obra Orden Mundial, la paz Westafalia “estableció nociones poco complejas pero abarcadoras: el Estado es la piedra angular del Orden Europeo, el Estado es soberano y, el Estado es libre de establecer su orden interno y religión”. Estas nociones establecían los principios bajo los cuales se regirían los países. Evidentemente no desaparecieron las guerras, pero empezaron a ser menos frecuentes.

Los acuerdos alcanzados le permitieron incluso a Immanuel Kant plantear en Por La paz perpetua, en 1705 que “el estado de paz entre los seres humanos que viven juntos no es un estado de naturaleza, sino más bien un estado de guerra… El estado de paz tiene, por tanto, que ser instaurado”. Se veía como un objetivo alcanzable llegar a acuerdos mediante la razón y la diplomacia, y no por medio de las armas. La guerra podría llegar a dejar de ser una constante histórica.

Este equilibrio de poderes en Europa estalló en la Primer Guerra Mundial y tardaría años en volver a lograrse un acuerdo similar al de Westfalia. Un primer intento fue la idea de la Sociedad de Naciones, que por diferentes razones nunca logró cuajar en la realidad y no se pudo impedir que el mundo volviera a una confrontación bélica aún más grande, la Segunda Guerra Mundial.

De la peor manera posible, los países entendieron que el mundo importa, que era mejor el entendimiento por la vía diplomática que llegar a la guerra. Así, estaban dadas las condiciones para que en 1945 se creara la Organización de las Naciones Unidas como el primer gran acuerdo global de la postguerra, como la primer gran institución global cuyo objetivo era mantener la paz.

A partir de entonces se han venido multiplicando toda clase de instituciones para diferentes fines, como un mecanismo de cooperación internacional, teniendo de todos sabores y colores. Por ejemplo las deportivas como el Comité Olímpico Internacional y todos los comités internacionales de cada deporte olímpico y de exhibición, la Federación Internacional de Futbol Asociación con todas sus asociaciones regionales. Algunas del orden militar como la Organización del Tratado del Atlántico Norte o las organizaciones no gubernamentales como Greenpeace, Save the Children o Amnistía Internacional, incluso la propia Iglesia Católica, que no tiene nada de nueva, es una institución que podemos considerar como global.

Existen también las organizaciones de orden regional. Quizá el mayor ejemplo lo tenemos en la Unión Europea, que deben la actual integración de los 27 países a la Comunidad Europea del Carbón y el Acero que inicialmente se formó en 1951 con 6 países, entre ellos, Alemania y Francia. También podemos sumar a esta lista a la Organización de Estados Americanos surgida en 1948, o más recientemente la Unión Africana creada en 2001.

Por otra parte, existen 36 grandes instituciones intergubernamentales, definidas por los criterios establecidos por Josep M. Colomer en El gobierno mundial de los expertos de que deben incluir al menos 60 países o 30 países si se encuentras distribuidos equitativamente por regiones. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional son ejemplos dentro del sector económico de este tipo de organizaciones, aunque existen otras menos famosas como la Unión Postal Internacional o la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Con otro tipo de trascendencia, podemos incluir a la Corte Penal Internacional.

El mundo importa y el éxito de estas instituciones globales es que cuentan con los dos grandes requisitos para su funcionamiento tienen el poder de imponer sus decisiones de una forma generalizada y también cuentan con una legitimidad internacional. Sin estos componentes serían solamente membretes sin utilidad alguna.

Todo lo anterior viene a relación porque en los últimos días hemos presenciado la postura de México frente a tres instituciones internacionales. Empecemos con la del orden regional, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que es un organismo financiero que recibe aportaciones de diferentes países de todo el mundo, creado en 1959 con el fin de apoyar a los países latinoamericanos y del caribe para reducir las condiciones de pobreza. Desde su fundación y hasta este año, la presidencia del organismo recaía en un latinoamericano. Esta tradición fue rota cuando los Estados Unidos (EU) postularon a Mauricio Claver-Carone, asesor de Asuntos para el Hemisferio Occidental de la Casa Blanca.

La cuestión aquí es la postura que jugó México. De acuerdo con declaraciones del propio Claver-Carone, la Casa Blanca le pidió al gobierno mexicano que presentara un candidato, lo que evidentemente no se hizo y se prefirió apoyar en primera instancia al candidato de Argentina. Cuando la suma de apoyos en torno al candidato de los EU creció y no hubo más candidaturas, México y Argentina plantearon posponer la elección para el año siguiente (esperando con esto los resultados de la elección en los EU) sin que prosperara dicha propuesta.

Finalmente surgió la versión de que si México no se presentaba a la sesión virtual, no se lograría el quorum suficiente para validar la elección. No fue ninguna sorpresa que México asistió a la sesión y, aunque se abstuvo, validó la elección de Claver-Carone. Es decir, Estados Unidos, otorgaba el respaldo para que México encabezara un organismo del tamaño del BID, y simplemente se dejó pasar la oportunidad, como si no fuera importante.

Luego vino la postulación de Jesús Seade (Subsecretario para América del Norte y negociador final del Tratado México, Estados Unidos, Canadá, el T-MEC), para encabezar la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sí, mismo cargo al cual habían aspirado en su momento el expresidente Carlos Salinas y posteriormente el exsecretario de Comercio Herminio Blanco.

A pesar de contar con el respaldo de los países latinoamericanos y de algunos asiáticos, lo cierto es que aquí, a diferencia de lo sucedido en el BID, Estados Unidos no apoyó la candidatura de México, como tampoco lo hicieron China, Japón o la Unión Europea. Seade ha señalado que solo la Unión Europea no lo apoyó, pero lo cierto es que ninguna otra potencia comercial hizo público su apoyo, si es que lo hubo. De tal forma que sin el apoyo de los cuatro motores del comercio internacional, la viabilidad de la candidatura era nula, por lo que no fue ninguna sorpresa que a las primeras de cambio se eliminara la propuesta de México.

¿Por qué estas fallas en política exterior? ¿Falta de personal competente para postular al BID? No lo creo, el sector hacendario en México ha formado personas con mucha capacidad y sentido institucional, lo cual pudiera ser insuficiente para un gobierno que exige, nos hemos enterado, lealtades ciegas. Por otra parte, competir por la dirigencia de la OMC sin el apoyo de los países más importantes era un salto al vacío, como quedó demostrado. Tal vez, aventuro una hipótesis, sea para simular que el país quiere participar en el concierto internacional. ¿Impericia en la Secretaría de Relaciones Exteriores? No suena plausible cuando se tiene un Secretario con experiencia y un cuerpo diplomático profesional y especializado, de lo mejor que tiene el servicio público mexicano.

Quizá la respuesta la encontremos con motivo del 75º aniversario de la ONU. Los líderes de cada país grabaron un mensaje para conmemorar dicho acontecimiento. Cada uno fue plasmando a su manera sus prioridades, destacando la visión global de Francia y Alemania  quienes plantearon propuestas para reformar y actualizar el funcionamiento de la ONU.

En este contexto, el presidente decidió presentar, como algún comentarista lo señalara, la primer mañanera en la ONU. Es decir, no abordó asuntos de interés global o regional, simplemente, como si estuviera en algún pueblo de México, se dedicó a hablar de la historia de México y que su gobierno ya había acabado con la corrupción, que ya hay honestidad, sin faltar por supuesto el cantinflesco mensaje sobre el avión y la rifa.

Hasta pudo aprovechar la ocasión para plantear su propuesta de una economía moral como modelo alternativo al neoliberal. Pero no, su mensaje totalmente local y aldeano no ve hacia fuera ni hacia el futuro. En las 1,392 palabras de su mensaje a la Asamblea General de las Naciones Unidas está la respuesta de la falta de interés en la política global. Su mensaje fue tan cotidiano que nos demuestra que el mundo no le importa.

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