Los videos de Pío López Obrador y las respuestas correctas

En un ensayo de Michel Foucault publicado en 1978 intitulado La Gobernabilidad, el filósofo francés escribe “lo que, en efecto, permitía a la soberanía alcanzar su fin, la obediencia a las leyes, era la ley misma; ley y soberanía se confundían absolutamente una con otra”. En los últimos años no ha sido precisamente la voluntad de los gobernantes mexicanos.

Desde hace unas semanas, el presidente López Obrador ha estado insistiendo sobre la depuración de la vida política y pública de este país. Debido a los videos de Emilio Lozoya Austin liberados después de su declaración, como su posterior denuncia interpuesta en contra de los funcionarios del gobierno en la época de Peña Nieto, tanto senadores y diputados que aprobaron la reforma energética. La denuncia de AgroNitrogenados que rodea a la figura de Lozoya (puesto en libertad, pero sujeto a proceso), así como los sobornos recibidos por la empresa Odebrecht, han sido marcas indudables de la corrupción en la época de Felipe Calderón y de Peña Nieto.

Parecería que el poder ha sido infestado por un clima de revelaciones y destapes oscuros de la vida pública y política de este país. Claro, México ama los dobles discursos. El mexicano promedio sabe que todo lo que tiene una cara buena también posee una cara negativa. Es triste y doloroso, pero es así.

Queremos encontrar la pureza de algo que no existe, por qué los seres humanos son animales impuros, sustituyen con su ética y su moral las debilidades naturales y su procedencia. En realidad, el ordenamiento y la secuencia de la organización del Estado permiten vislumbrar la civilidad de un pueblo. Nosotros no pusimos esa transparencia como prioridad, incluso dudamos que exista.

Eventualmente, la realidad que acogemos siempre termina decepcionándonos y mostrando su cara verdadera. Como niños esperando que la expectativa cumpla el modelo real, los mexicanos nos adjudicamos el valor cultural de nuestros ideales para convertirlo en un patrón de vida real, en la cual se circunscriben la vida pública y la vida privada. Siempre esperamos que ambas se reúnan en una sola de forma ingenua y que cumplan el patrón de la perfección histórica, social, política e incluso humana que parece posible. Somos idealistas fracasados y lo sabemos. Sin embargo, en los resultados políticos podemos tener ciertas sorpresas en los últimos días.

Un ejemplo plausible son las asombrosas respuestas como las que el día de hoy mostró el presidente en la conferencia matutina. Y es que, con los videos liberados en redes, donde aparece Carabeo y Guillermo Gutiérrez Badillo recibiendo una de las tantas entregas de billetes que almacenan en una maleta, y que por menciones Lozoya, se refieren a sobornos vinculados con la reforma energética pensamos que todo el espectáculo posible había terminado.

Toda esa representación mediática, desbordando una cantidad de opiniones en redes, a favor o en contra, pertenecen al orden de la conciencia política colectiva que se ha desatado después de la aparición de López Obrador en la vida pública. Andrés Manuel López Obrador ha logrado alfabetizar políticamente al gran público y aquellos que se mantenían ausentes de las contiendas políticas y que, en nuestra generación, esa conciencia solamente se vinculaba al voto corporativo de los grandes partidos que contendían por el poder tanto el PRI como el PAN. La renovación de la vida pública y el cambio generacional también tuvo como resultado la concientización de la sociedad y a su vez, la observación de los actos públicos y la administración del dinero.

La conciencia ya estaba despierta, lo que hizo Carlos Loret de Mola, al liberar el video en el cual se ven al hermano de presidente, Pío López, recibiendo dinero de David León, exfuncionario de Protección Civil que en días próximos iba a ser nombrado en un cargo público federal, fue una respuesta objetiva de una sociedad con cierta madurez política. En este ambiente ríspido entre las opiniones en las redes sociales, los grupos de WhatsApp, Twitter, Facebook incluso en YouTube aparecen las imágenes del hermano, Pío López, que ahora llaman incómodo, que históricamente ha sido el operador político de Andrés Manuel. No sólo lo digo por los videos sino por la experiencia política que me antecede.

Pío López Obrador ha sido vinculado a la operación y los acuerdos políticos en la parte oscura del gobierno, primero en el Distrito Federal y luego en el gobierno de la República. Es el negociador del poder. Quizá no tiene las virtudes de AMLO para representar y liderar a grandes grupos políticos, mas es el conciliador y él recababa bienes económicos para campañas, hacía acuerdos con grupos políticos o los sitios donde se debiera de hacer un mitin público. No se mencionaba su nombre en asuntos turbios, hago la aclaración, no obstante, siempre ha sido el personaje que realiza el trabajo de campo, antes de que aparezca AMLO.

Causó sorpresa que apareciesen medio de esas grandes contradicciones mediáticas, entre las declaraciones la recopilación de material probatorio y la desaparición de los billetes para campañas políticas. Aunque en este video no hay punto de comparación en cantidades con los videos de Emilio Lozoya, a pesar de ello, lo que se ve en el video parece un acto de soborno o por lo menos se puede interpretar así.

La sorpresa llega cuando Andrés Manuel dice que su hermano debe ser denunciado ante la Fiscalía General de la República. Sin lavarse las manos, sin proteger a su familia, sino siguiendo un precepto que el mismo ha profesado hasta estos días, con la calidad moral que tanto presume en público y con la dignidad indiscutible de un líder histórico en todo nuestro país desde el 2006. Debo confesar que en algún momento yo estaba de acuerdo con él durante mi juventud, con el paso del tiempo, no me pareció que tuviese un proceder con ideas justas. Sin embargo, estoy convencido que posee un estilo distinto de gobernar y que nadie más lo ha hecho algo parecido a esto. Prácticamente, a ningún líder le importa de qué lado se encuentra la ley, nadie había respetado de tal forma los principios de las leyes ni su espíritu para permitir que el peso de ella también fuese una posible sujeción a un familiar o a un amigo. 

La autoridad siempre exculpaba a aquel que estaba sujeto a un juicio, siempre y cuando fuese aliado, amigo o familia. La excepcionalidad de la ley había sido una constante. No ha hecho esto el presidente. Ya que el primer mandatario ha pedido una denuncia contra su hermano, si es que este es responsable, al comunicador Carlos Loret de Mola.

Es algo insólito, al menos en nuestro país. Casi todos los políticos anteriores usaban su poder para detener cualquier acusación. Tengo la impresión de que en los hechos no hay una doble cara ni un doble discurso. Se ha cumplido el sueño de la esperanza política de la masa mexicana. Por primera ocasión, la vida pública es tan transparente como la vida política privada de nuestro país. Así parece.

Finalmente, esperemos que Loret de Mola tenga el valor de denunciar al hermano de AMLO y que salga de su aparador o su madriguera. Estamos muy cerca de que se cumpla precepto de Foucault, que la ley y la soberanía se confundan en una sola.

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