La caída anticipada

Como era de esperarse, al darse a conocer las cifras de la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) Trimestral por parte del INEGI, los resultados son los más oscuros en la historia moderna de México.

Por ejemplo, en 1995 el PIB cayó dos trimestres seguidos, siendo la peor cifra de -5.8%. En 2009, el PIB acumuló tres trimestres seguidos a la baja, teniendo como peor registro de -5.1%. Lo que informó ayer el INEGI es que por quinto trimestre consecutivo cayó el PIB, rompiendo un record negativo al registrar una baja del -18.9%.  Si lo ponemos en pesos y centavos podemos ver que el PIB de hoy es igual al de 2011.

El mayor impacto de este proceso de deterioro económico, que iniciara un año antes de la epidemia del COVID-19 en México, es el incremento de negocios quebrados y empleos perdidos. El universo registrado de microempresas que operan de manera formal era de poco más de 4 millones, mientras que el de pequeñas y medianas industrias ascendía a poco más de 100 mil, hasta antes de la pandemia.

En cuanto a los negocios que tuvieron que cerrar de manera permanente sus actividades, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) informa que ya han cerrado 150 mil pequeñas empresas, la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y de Alimentos Condimentados (Canirac) calcula que cerrarán 1 de cada 4 restaurantes cerrarán para siempre, mientras que la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), al igual que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) esperan el cierre de 500 mil empresas para fin de año. De manera oficial, el IMSS anunció que de abril a junio se dieron de baja 10,351 empresas.

Por lo que toca al empleo, se tenían estimados unos 31 millones de empleos informales y 24.3 millones de empleos formales. Por lo que toca a los empleos formales, aquellos que cotizan en el IMSS, durante el periodo que va de marzo a junio se perdieron 1.2 millones de empleos formales, según ha señalado ese instituto. Por otra parte, el INEGI informó que derivado de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), se estima que el número de personas que dejaron de ser trabajadores activos (formales e informales) aumentó a 12.5 millones de personas, prácticamente una cuarta parte de todos los trabajadores estimados a principios de año. Estos datos son a todas luces muy preocupantes porque generan un ciclo negativo: cae la actividad económica, cierran las empresas, la gente se queda sin empleo, por el cierre de las actividades económicas y el confinamiento social están impedidos de salir a buscar trabajo o de encontrarlo, por lo tanto, crecen las condiciones de pobreza.

No extraña que ante las circunstancias, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) haya estimado que derivado de lo anterior, se calcula que para fin de año habrá entre unos 8 y 9 millones más de personas en situación de pobreza, mientras que entre unas 6 y 10 millones de personas pasarán a situación de pobreza a pobreza extrema. Así de dramático pinta el fin de año, teniendo como principales sectores económicos afectados a los de servicios, la industria de la construcción, la industria de la transformación y el comercio. Es decir, profesionistas, meseros, camareros, cocineros, estilistas, empleados de comercios, albañiles, electricistas, etc, ubicados principalmente en las grandes ciudades.

Aquí es donde entra en escena la necesidad del Estado y que mediante políticas gubernamentales de emergencia atienda las necesidades de la población. El presidente ha anunciado que se atacará principalmente el problema del desempleo mediante una serie de programas de apoyo y creación directa de empleo, y otro de apoyo a las empresas y a las personas mediante créditos. Sin embargo, decir que esos programas fueron creados para atender la contingencia es una mentira, son los mismos programas ya existentes desde el año pasado o a principios del actual, y ninguno de ellos tuvo mayor modificación en cuanto a sus alcances.

Por ejemplo, ya se tenían programadas contrataciones para las Secretarías de Defensa Nacional y de Marina Armada de México, así como el Servicio de Protección Federal y la Guardia Nacional. También se sabía desde antes de iniciar siquiera de iniciar la presente administración que se realizarían obras tales como la construcción del Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles, la refinería de Dos Bocas, las sucursales del Banco del Bienestar, el Parque Ecológico Texcoco, rehabilitación del sistema aeroportuario de la CDMX y del espacio cultural Los Pinos. La única novedad es el anuncio de la obligada contratación de médicos y enfermeras.

Otros grandes proyectos son Jóvenes construyendo Futuro y Sembrando vida, ambos claramente dirigidos a dos sectores específicos. Sin embargo, más allá de la dudosa eficacia de los programas, ninguno fue rediseñado para adaptarlos a las condiciones de emergencia. Simple y sencillamente siguieron su inercia por lo que difícilmente las personas que no son jóvenes y no viven en el campo y que quedaron desempleadas por el cierre de comercios, restaurantes, espacios de entretenimiento, etc, podrán acceder a dichos programas. Un elemento adicional, al ser apoyos económicos temporales, oficialmente no son considerados por el IMSS como empleos formales.

Otro componente que anunció el presidente como medida emergente y generadora de empleos son los créditos del Infonavit y del Fovissste, los cuales no son trabajos, son préstamos (es decir, deuda) para las personas. A menos que sea estrictamente necesario, la gente acude a los préstamos, pero ¿qué tanto se acude a un préstamo para vivienda cuando no se tiene asegurado el ingreso? Más aún, ¿cómo se traduce un crédito en empleo?

Una medida adicional fue el adelanto de las pensiones para los adultos mayores y para las personas con discapacidad, con la salvedad de que no aumentaron los montos de las pensiones, sino que simplemente se adelantó el pago de las mismas, lo que significa que en diciembre no les darán dinero. Pregunta, ¿si ya recibían dinero, valía la pena adelantar el recurso? Si adelantan, ¿les avisaron a los beneficiados que más vale que cuiden el dinero porque en diciembre no habrá nada?

Quizá el único elemento que ha surgido como apoyo son los microcréditos a la palabra para los microempresarios, pero incluso este programa ya existía. Ayer anunció la Secretaría de Economía, que se tenían entregados 839,504 créditos con un valor de 20, 987 millones de pesos, monto que es inferior al del programa Jóvenes Construyendo el Futuro que recibirá este año 25 mil millones de pesos. Esto sí podría tener un efecto positivo, pero por las limitaciones del diseño, el impacto no ha sido de mucho alcance en un país que actualmente tiene 12.5 millones de personas desempleadas.

Como podemos ver de manera general, no se adaptaron los programas a la realidad, sino que se quiso adaptar la realidad a los programas. No es ninguna sorpresa, el presidente ha enfatizado, que para su gobierno la prioridad serían las personas que están en condición de pobreza. El resto de la sociedad es preocupación secundaria. Lo anterior no es nada raro, las acciones y las expresiones del presidente tienden a ser reduccionistas, no hay espacio para la multiplicidad. Todo se tiene que englobar en una concepción binaria, que si bien tenía una lógica en la campaña electoral, al gobernar la cosa es distinta.

Por si fuera poco, en lugar de estimular la economía desde el gobierno, con la decisión de comprar medicinas (las razones del por qué son motivo de otro análisis) en el extranjero, se afectará a la industria nacional farmacéutica, que de acuerdo con lo publicado por el INEGI en 2017 en Estadísticas a propósito de.. la idnustria farmacéutica y sus proveedores, es la séptima actividad económica más importante del país, aportando el 2.5% del PIB manufacturero, solo después la refinación de petróleo, las relativas a la industria automotriz y la elaboración de refrescos. De las 259 ramas de actividades económicas que registra el INEGI, la industria farmacéutica impacta en 161 de ellas, y 100,000 empleos directos y unos 500,000 indirectos. ¿Cuántos empleos se irán a perder después de esta decisión?

La recuperación será aún más lenta si no se entiende que la economía no va a crecer por arte de magia ni solo sembrando arbolitos. Se pueden ensayar varias opciones como reducir recursos de las obras emblemáticas para dirigirlos a las empresas más vulnerables, ampliar el alcance y monto de los créditos, crear un seguro de desempleo, implementar un salario básico universal, duplicar o ampliar los programas sociales actuales (después de mejorar los mismos), por señalar algunas acciones que se pueden implementar.

Se tiene que comprender que el cierre de la micro, pequeña y la mediana industria, conduce a mayor desempleo, lo que a su vez incrementa la pobreza de la población. Se tiene que incluir en los programas a las mujeres, a los trabajadores informales, a los vendedores ambulantes, a los residentes de las zonas periféricas, a los que viven en situación de calle, a los internos de las cárceles, a todos aquellos que, como dice Boaventura de Sousa Santos en La cruel pedagogía del virus, están “al sur de la cuarentena”. Si no se tiene esa visión integral, tendremos la peor de las paradojas, el presidente que más se ha preocupado por los pobres será el que más pobres habrá creado.

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