Ejercer el table dance durante el COVID-19

A pesar de la crisis sanitaria y del confinamiento que padece México por el COVID-19, muchas personas han seguido circulando en el país a puerta cerrada. Entre ellos, una chica que ejerce el table dance desde hace casi un año, a quien llamaremos Jimena. Jimena es una venezolana de 27 años que reside desde hace menos de un año en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

“Me trajo Marco, un mexicano que me entrevistó en Colombia a mí, junto con otras venezolanas, y me dijo que aquí me ayudaban con mis papeles y que él tenía un contacto en el aeropuerto para que no nos regresen”.

“¡No, no era de gratis! Me cobraron cinco mil dólares y tuve que trabajar en el Garden como seis meses para pagarlos, pero aun así está mejor que en Colombia”

“Cuando me devolvieron el pasaporte, me dijeron que ya yo podía sacar mi cuenta… y hasta la fecha estoy sin papeles en México”

Jimena

Jimena trabaja en un table dance a puerta cerrada en un municipio aledaño a la Ciudad de México. La Revolución Bolivariana tiene muchos años exportando trabajadoras sexuales a los table dances mexicanos, siguiendo los pasos de la Revolución Cubana, del corralito argentino y de las crisis en Europa del Este.

Todas estas mujeres provenientes de economías quebradas fueron las sustitutas de las strippers americanas y canadienses que dejaron de trabajar en México por la devaluación del peso mexicano en diciembre de 1994. El capital erótico de las norteamericanas era tan poderoso que lograban “hacer” hasta mil dólares por jornada laboral sin que les tocaran un cabello, ya que lo que se ponía en valor era su imagen. [1] Las expectativas que desató el Tratado de Libre Comercio (TLC) y los costos de oportunidad del mercado sexual, promovieron una narrativa erótica y performativa -estereotípicamente norteamericana- dentro de la economía del deseo mexicana.

La editorial de una emblemática revista mexicana daba cuenta de la oferta erótica que en esos días ya estaba plenamente naturalizada: “La novedad nocturna de los años noventa ha sido en México la aclimatación de los [table dance], la versión moderna y llanamente aséptica del antro y del fichero, donde las muchachas no requieren necesariamente llevarse al cliente para levantar una buena cantidad de dinero…” [2]

Sin embargo, el desconocimiento de este mercado por parte de las autoridades locales y federales, así como la incapacidad y la falta de voluntad por regular esta actividad en México acabó por generar ciertas externalidades relacionadas con la prostitución. La salud y la seguridad públicas, [3] por un lado y con la dignidad, el estigma social, la violencia y el tráfico de mujeres por el otro.

Si bien, el libre comercio no fue la razón única para que la oferta del baile erótico se naturalizara en la sociedad mexicana, la instalación de franquicias norteamericanas de table dance lograron un impacto simbólico muy marcado en las élites y las clases medias del mexicano urbanista, lo que provocó que en poco tiempo se normalizara y se convirtiera en el divertimento sexual de los mexicanos. [4]

Hasta ahora, que está por entrar en vigor un nuevo tratado comercial T-MEC (2020), no se ha instrumentado política pública alguna en materia de estas ofertas eróticas y trabajos sexuales, sin importar la valencia ideológica de los policy makers. [5] En 1999, en la ciudad de Monterrey no prosperó la consulta pública (Tú decides) que buscaba ordenar esta práctica erótica. Un año después, el incendio de la discoteca Lobohombo en la ciudad de México, puso al descubierto las irregularidades con las que operaban estos recintos eróticos. El siniestro tuvo un amplio impacto mediático, pero se diluyó gradualmente.  

El estigma negativo que padecen las oferentes ha dificultado la construcción de ciudadanía para el ejercicio de este trabajo sexual con plenos derechos laborales. Los sumarios operativos instrumentados por autoridades federales y locales para “detectar” droga (o sembrarla), encuentran a las bailarinas eróticas en un estatus de alta vulnerabilidad, especialmente a las oferentes extranjeras. A diferencia de sus pares varones, la ANDA siempre se ha mostrado reticente a otorgarles filiación sindical a las bailarinas de table dance. No es una discusión menor porque si su performance es artístico, entonces la naturaleza de su trabajo cambia. En Rusia y otros países esta discusión ha generado controversias hasta el día de hoy. [6]  

Estructuralmente, la oferta erótica del table dance en México puede ubicarse en el eje de la integración económica y de las mudanzas culturales, esto, en un contexto de debilidad institucional; así como en el de la transición gradualista a la democracia, la cual ha incorporado en su agenda expedientes referidos a los derechos de las mujeres y a la (in)tolerancia de la moral pública. Es importante destacar este rasgo, ya que al no existir un cambio político abrupto –en el escenario mexicano-  no es posible identificar un antes y un después en términos de una nueva moral que niegue las prácticas y los discursos de la sexualidad del régimen anterior y que inaugure uno nuevo. No es posible, tampoco,  hablar de un “destape mexicano”, aludiendo al “destape español después de Franco”. [7]

Sin embargo encontramos algunas tendencias de carácter global que permiten construir una explicación congruente sobre la industria del table dance y su creciente demanda:

  1. El protagonismo del cuerpo sin precedente en la historia contemporánea. Cubrir y descubrir el cuerpo ha cobrado una importancia muy singular en el sistema de las apariencias vigentes.
  2. La pandemia del Sida, lo que supone que la cópula fuese un riesgo para la salud de las personas. [8] El COVID-19 podría instalarse en esta lógica.
  3. Una filosofía neoconservadora que reaccionó a los aires libertarios de la generación que le precedía.
  4. La proclividad hacia el disfrute del vouyerismo como dinámica social y virtual.
  5. El sentimiento de soledad en una época de conectividad sin precedente. [9]
  6. El agotamiento de espacios y protocolos instalados en los códigos tradicionales de socialización. [10]
  7. Los establecimientos de ‘striptease’ como pornotopias [11] (espacios idealizados de pornografía) adaptadas a la modernidad, donde lo que se oferta es presentado y representado en un formato en tres actos.
  8. Una sexualidad plástica que promueve narrativas  heteronormativas al gusto del varón. [12]
  9. Una civilización del espectáculo en un formato taylorista y con un performance all day long.
  10. En la época selfie prevalece una sociedad compulsiva por documentar el instante -coreográficamente-  con cuerpos de exhibición como trofeos de éxito en el habitus machista.

Jimena tiene varias amigas venezolanas que la asesoran para saber “como hacer las cosas en México.” Una de ellas la aconsejó en qué club, en qué gimnasio y en qué estética seguían operando a puerta cerrada. Incluso, algunos clubes ofrecían servicios de ‘striptease‘ a domicilio. Los precios oscilaban entre los cuatro mil y catorce mil pesos. [13]

Para saber dónde le “toca” trabajar, revisa el chat grupal con el que mantienen informadas a las bailarinas. Sólo las quince primeras en llegar al club recibirán sueldo. Las chicas trabajan ocho horas  y obtienen una comisión por las copas que consuman y por los bailes que realicen.  Pero como dice Jimena, “en los privados es donde haces más dinero”. Las que hacen cuarto, cuentan con un espacio acondicionado para llevar a cabo relaciones sexuales con los clientes. Jimena dice que “los tríos son los mejor pagados pero ahora han bajado mucho, ya no los piden tanto”.

Jimena sale con sus amigos eventualmente. Sus amigos son clientes que conoce en el bar donde trabaja. Incluso asegura que tiene un novio casado que no le exige nada. No sabe mucho del peligro latente que han experimentado sus compatriotas en tierras aztecas.

Desde 2012 al menos 19 mujeres venezolanas que trabajaron como escorts o camareras fueron asesinadas en varios países (…) Seis de cada 10 de los asesinatos ocurrieron en México, pero otros tuvieron lugar en Colombia, Perú y Ecuador. Cada mujer que trabaja como escort para un cártel puede tener un potencial de ingresos de hasta 200 mil dólares al año, según la contabilidad independiente de una ex escort en la Ciudad de México.[14]

Jimena, después de trabajar toda la noche, aborda el taxi que la va a llevar a su cita a puerta cerrada y que le significan cinco mil pesos, en medio del pico de la pandemia y al alba de la mayor crisis económica para el país en tiempos modernos.


[1] La teoría del Capital Erótico de Catherine Hakim (2012), explica que Pierre Bourdieu no consideró un cuanto capital, en  Capital Erótico, Barcelona; Debolsillo

[2] El table dance como oferta erótica alcanzó su punto climático en México en noviembre de 1994. No es fortuito que la revista Nexos los registrara en una de sus editoriales; Revista Nexos (01-11-1994). “Entre las sábanas”

[3] Olvera Maldonado, B.G. (2006), “Bailando noche tras noche alrededor de un tubo: algunas características de las condiciones de trabajo en los table dance de la Zona Metropolitana de Guadalajara”, Revista de Estudios de Género, La Ventana/Universidad de Guadalajara, núm. 24, diciembre, pp. 320-342.

[4] López Villagrán, Gilberto LA INDUSTRIA DEL TABLE DANCE APARTIR DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO EN MÉXICO PERFORMANCE, CUERPO E INSTITUCIONALISMO ESCASO. Andamios [en linea]. 2015, 12(27), 279-304[fecha de Consulta 17 de Junio de 2020]. ISSN: 1870-0063. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=62841659014

[5] Al igual que con la pornografía, ha habido un feminismo radical que coincide en sus posturas con grupos conservadores,lo cual ha dificultado el que se agende el tema del baile erótico en México. Esta postura no ha optimizado unmercado que suponio ser un sustituto de la prostitución, no un complemento.

[6] López Villagrán, Gilberto (2002), Espectáculo sexual, mercado y políticas públicas. México: Instituto Nacional de las Mujeres.

[7] Ortega Ortiz, R.Y. (2001), “Tipos de transición: un estudio comparativo de España y México”, en R.Y. Ortega Ortiz (ed.), Caminos a la democracia, México, El Colegio de México. 

[8] Frank, K. (2002), G-Strings and Sympathy. Strip Club Regulars and Male Desire, London, Duke University Press.

[9] Gubern, R. (2000), El eros electrónico, Madrid, Taurus.

[10] Johnson, M.L. (2006), “Stripper Bashing: An Autovideography of Violence Against Strippers”, en D.R. Egan, K Frank y M.L. Johnson (eds.), Flesh for Fantasy. New York: Thunder’s Mouth Press, pp. 159-188. 

[11] Preciado, Beatriz. (2010) Pornotopía. Barcelona: Anagrama

[12] Giddens, A. (2000), La transformación de la intimidad. Madrid: Cátedra.

[13] Registrado por Periódico El Sol de México 06-04-2020

[14] La periodista norteamericana que llevó a cabo esta investigación, ha realizado trabajos en distintos países de América Latina relacionados con la trata. Ana Arana (16-08-2019); Carteles Mexicanos y Tráfico de Mujeres Venezolanas; Revista Nexos

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