Transformando al elefante reumático

Una de las metáforas más utilizadas para ejemplificar al gobierno es compararlo con un elefante, por su gran tamaño y por su lento y firme andar. O también, cuando se construyen instalaciones que nadie ocupa y que no sirven para nada, se dice que se ha creado un elefante blanco.

Recientemente, el presidente ha definido a todo el andar de la administración pública federal como un elefante reumático, por considerarla demasiado lenta y anquilosada para llevar a cabo el cumplimiento inmediato de sus decisiones o sus instrucciones. Con esto, refuerza la imagen negativa que se tiene de la burocracia en México, donde la expresión “burócrata” se usa en tono peyorativo.

Si bien es cierto que las oficinas de atención pública suelen ser las que más cargan con historias de mala atención, señaladamente por estar comiendo encima de sus escritorios o por falta de criterio de quien atiende, hay que entender las circunstancias en las que se realiza el trabajo. La mala atención lo mismo puede ser por una actitud de las personas que no encuentran incentivos para realizar de una mejor forma su trabajo diario o por una mala organización interna para hacer los trámites de manera más ágil.

La falta de espacios físicos destinados especialmente para el consumo de alimentos puede ser una explicación para que la gente se coma una torta o chilaquiles a la vista de todos. Con una buena organización y disposición para tener instalaciones dignas y funcionales se pueden resolver algunas malas prácticas.

Al hablar de la rigidez, o lo que popularmente se le llama “ser cuadrado o falta de criterio”, si lo vemos desde otro punto de vista, no es más que un servidor público que hace su trabajo de acuerdo con las reglas y lineamientos legales. Es decir, la molestia es porque alguien hace bien su trabajo. La explicación no está, o no debería residir, en el actuar del servidor público sino en el marco bajo el cual se guía.

Recordemos que el gobierno es la suma de muchos elementos internos. Tenemos un solo presidente, pero hacia abajo es algo mucho más complejo. Jon Elster en su gran libro La explicación del comportamiento social, explicaba que las decisiones suelen ser muy complejas por la cantidad de tuercas y tornillos que se mueven para ponerlas en marcha, como en el gobierno por algo que llama la organización de la desconfianza.

Tenemos que ese elefante llamado gobierno está compuesto por varios tuercas y tornillos. Esas organizaciones formales que en México son denominadas Secretarías de Estado, funcionan cada una de ellas mediante estructuras administrativas internas independientes unas de las otras. Es decir, existe una división del trabajo donde pueden coincidir en algunos temas, pero por lo general tienen separadas las tareas. Así, lo que hace la Secretaría de Energía no lo puede resolver la Secretaría de Cultura, de tal forma que existan responsables por cada tema.

Esto nos lleva a otro de los elementos del elefante, las personas que trabajan en el gobierno. A estos se les conoce comúnmente como burocracia, aunque desde hace unos años, y derivado de nuevas teorías de la administración pública que se enfocan en que al ciudadano hay que tratarlo como si fuera un cliente y por lo tanto se debe ofrecer un servicio, ahora se les denomina como servidores públicos.

Estas personas, deberían ser en un escenario ideal, especialistas de los temas que laboran. Con el fin de lograr lo anterior, en muchos países, especialmente en los europeos, existe lo que se llama servicio profesional o civil de carrera, el cual procura que la entrada y ascenso en los puestos del gobierno sea mediante las competencias laborales de cada persona, mediante la competencia en concursos abiertos.

En México se han realizado esfuerzos por crear ese servicio civil para laborar en el gobierno desde el sexenio de Vicente Fox, pero 20 años después sigue sin consolidarse dicho mecanismo. Cada que hay un cambio de gobierno o de titular en alguna área, se vienen una serie de cambios hacia abajo.

Estos cambios responden más a que cada quien trabaja con las personas en quien confía (“el equipo de trabajo”), independientemente de sus conocimientos sobre los temas del nuevo trabajo. Habrá quien designe en sus equipos a especialistas y habrá quien ponga a los que conoce, ya sea porque son sus amigos o porque le han sido leales a lo largo de su trayectoria pública.

Al ser los nombramientos en el gobierno de corte político, podemos cómo pasan de un lado a otro sin tener experiencia para el nuevo puesto. Ningún gobierno ha escapado a lo anterior y el actual, por supuesto que no es la excepción.

Quizá el mayor intento fue cuando Fox recurrió inicialmente a los Head Hunters para localizar a la mejor persona para cada puesto, aunque después dejara esa innovación y regresara a los tradicionales nombramientos políticos. Actualmente, pudimos ver uno de estos cambios donde prevaleció el criterio político, algo que en la iniciativa privada serían inconcebibles, con el nombramiento de la Subsecretaria de Desarrollo Económico, Participación Ciudadana y Asuntos Religiosos como nueva Directora del Banco del Bienestar y viceversa, el director del Banco del Bienestar pasó a ocupar la Subsecretaría.

Por otra parte, todos los servidores públicos tienen responsabilidades claras, realizan sus funciones de acuerdo a lo que marcan el entramado de leyes, reglamentos y ordenamientos internos. Este marco jurídico determina lo que los servidores públicos pueden y deben realizar, hasta lo que tienen prohibido hacer, tanto con la sociedad como con otras instituciones de gobierno.

Sin la existencia de estas leyes, el funcionamiento del gobierno sería caótico. Además, con base en lo establecido en el marco jurídico se puede evaluar y juzgar el trabajo de los servidores públicos, tanto por parte de otras instancias como la Secretaría de la Función Pública o la Auditoría Superior de la Federación, como por parte de la sociedad.

Cuando se dice que el elefante está reumático, por lo lento que se mueve, no se entiende que existen una serie de tiempos y requisitos previos que deben de cumplirse, de lo contrario, el servidor público puede ser castigado, sancionado o despedido, por incumplir con las responsabilidades que le otorga la ley. Lo anterior evidentemente puede ser desesperante o incomprensible, pero si nos ponemos en el lugar de ese funcionario, entendemos la lógica.

Por ejemplo, supongamos que alguna ciudad sufre una inundación y el presidente ordena entregar apoyos económicos extraordinarios para ayudar a la sociedad. Para esto existe un fondo especial denominado Fondo de Desastres Naturales.sSn embargo, ¿cuánto dinero se debe entregar? Todo dependerá del número de damnificados, de las colonias afectadas, del grado de destrucción de la infraestructura pública y de la propiedad privada.

Para lo anterior, el municipio o el estado, tiene que calcular y documentar todos los daños anteriores y los servidores públicos deben revisar las solicitudes. No faltará el municipio tramposo que pida recursos para colonias que no fueron afectadas o que sobredimensione los daños a fin de obtener más recursos. En caso de una mala entrega del dinero, el responsable es el servidor público que lo autorizó, lo que significa que deberá reponer esos recursos de su bolsillo al gobierno. Esto explica buena parte de por qué el elefante camina lento, por una serie de candados y revisiones, tuercas y tornillos, para evitar fallos en los procedimientos.

Por otra parte, ha sido gracias a la incorporación de las nuevas tecnologías, de la introducción del gobierno digital, donde la mayor parte de los trámites se realizan en línea, que el elefante logra moverse de manera más rápida. Por ejemplo, todo el proceso presupuestario y financiero del gobierno federal, los trámites aduaneros de importación y exportación, los migratorios para ingresar al país se hacen por medio de sistemas. Gracias a los servicios vía internet se han reducido costos, traslados, tiempos y se ha mejorado el seguimiento y supervisión de los mismos.

Algunos servicios, como los informáticos con todo software o los de fotocopiado e impresión ya no se compran, sino que se rentan a distintos plazos los equipos físicos con todo y servicio de reparación e incluso de sustitución de los que llegaran a presentar fallas. Lo anterior ha permitido evitar que los equipos de cómputo envejezcan, queden obsoletos y terminen arrumbados en bodegas.

Con el absurdo de reducir el 75% de los recursos para pagar renta, luz, agua, internet, etc., han salido a la luz casos en que, al vencerse los contratos, no hay dinero para renovarlos. Por ejemplo, con respecto a los equipos informáticos, se han quedado sin computadoras el Instituto Mexicano de Cinematografía o se le daba la opción al servidor público de que usara equipo propio o comprara el que tenía asignado en la Secretaría de Economía, porque también se terminaba el contrato de arrendamiento. Otro caso fue cuando la titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas señaló que por los recortes no tendrían dinero ni para pagar la renta.

José Saramago nos narra en la novela El Viaje del elefante la travesía para llevar un elefante desde Lisboa hasta Viena en la Europa de mediados del siglo XVI. En esa historia el Rey Juan III de Portugal decide regalarle un elefante al Archiduque Maximiliano de Austria, porque “estaban sustentando a una bestia que no tiene ni oficio ni beneficio, ni esperanza de provecho, (pero) El pobre animal no tiene la culpa, aquí no hay trabajo que sirva para él”.

Así nos encontramos, acusando al elefante de reumático en vez de encontrarle el modo que funcione mejor. Para agilizar al elefante un camino es mediante una simplificación de los procedimientos establecidos en los marcos legales y utilizar las tecnologías de la información para modernizar los procedimientos. Mejorar las tuercas y tornillos. Sin embargo, poco a poco van saliendo las notas donde nos demuestra que la transformación que se está produciendo con decisiones como la reducción despiadada del presupuesto, se está provocando parálisis y una esperable mediocridad e insuficiencia de los servicios que presta el gobierno. Se está transformando al elefante reumático en un elefante blanco.

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