A dos años del triunfo de AMLO (1ª parte)

Como feminista estoy consciente de la enorme deuda que tiene López Obrador con nuestra agenda, que no es más que la de los derechos de las niñas y mujeres; no obstante, no puedo cerrar los ojos y debo reconocer los avances logrados en este gobierno.

En las últimas semanas algunas personas se han manifestado en contra del gobierno de AMLO. Lo acusan de llevar al país al comunismo y de atentar contra la familia. En estas colaboraciones intentaré identificar si esto es así, o más bien estamos frente a una acción concertada para hacernos creer, lo que no es.

Después de dos intentos fallidos, el 1º de julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de México gracias al voto de 30.11 millones de mexicanas(os) quienes exigíamos un cambio en el rumbo del país. No era para menos, en los anteriores gobiernos de corte prianista la calidad de vida se había visto seriamente mermada, en gran medida por las políticas económicas cuyos efectos eran, el empobrecimiento de un amplio sector de la población y, al mismo tiempo, el enriquecimiento de un reducido sector de la población, trayendo como consecuencia la ampliación continuada de la brecha económica.

De esto último dio cuenta la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (Cepal) a través del documento denominado Panorama Social 2019, en el que se afirma que en el periodo 2006-2018, correspondiente a los gobiernos presididos por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, en México aumentó la pobreza 4.2 puntos porcentuales, pasando del 37.3% al 41.5%, con lo cual nuestro país dejó de figurar entre las cinco naciones latinoamericanas con menores niveles de pobreza, como cuando Calderón recibió la presidencia en diciembre de 2006. Con base a la información de ese organismo, durante estos dos sexenios el número de mexicanas(os) pobres se incrementó en 12.2 millones. La tasa de pobreza de nuestro país en aquellos años era superior a la de países como El Salvador, Bolivia, República Dominicana, Paraguay y Colombia.

El salario mínimo diario cuando Calderón recién tomó posesión de la presidencia era de $50.57 (2007) y cuando lo dejó, ascendía a $64.76 (2013), es decir hubo una diferencia de apenas $14.19, lo que equivale a un incremento de 21.9%. El monto del salario mínimo cuando Peña Nieto terminó su mandato era de $88.36 (2017); el incremento durante el sexenio fue más generoso que el anterior: $23.60, equivalente a 26.7%. Una de las primeras acciones recién llegado AMLO al gobierno, fue incrementar los salarios mínimos a $102.68 y actualmente es de $123.22 pesos diarios, es decir es una diferencia de $34.86, lo que representa un aumento real de 28.29% en año y medio de gobierno.

Hay quien se preguntará ¿quién gana el sueldo mínimo en este país? Efectivamente, casi nadie lo gana porque desde su origen esta paga se calculó como un referente de lo mínimo que debe tener un(a) trabajador(a) para tener alimento que le dé fuerzas para levantarse al otro día para seguir trabajando, y un solo sueldo mínimo no alcanza a veces, ni siquiera para el transporte. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en 2018, poco más de 27 millones de trabajadoras(es) en México percibía como máximo dos salarios mínimos.

En los anteriores sexenios, la brecha salarial era inmensa con relación a las percepciones de algunos funcionarios, como es el caso de las y los Ministras(os) de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quienes mensualmente recibían $578,186 pesos, es decir alrededor de 19 mil pesos diarios, lo que equivale a 215 salarios mínimos diariamente. Recuerdo que hace algunos años, un compañero que era Magistrado Federal me platicó que además de su sueldo, quienes integraban el poder judicial federal recibían otro tipo de beneficios —privilegios, diría yo—, como la exención del pago de servicios en sus domicilios particulares, además de que cada determinado tiempo a cuenta del bolsillo de las y los contribuyentes les remodelaban su casa, proporcionándoles un inmueble mientras se hacían estos trabajos.

Alguna vez en clase, hablando sobre el tema de la justicia, comentaba sobre estos desproporcionados sueldos, y un estudiante los justificaba argumentando respecto a la importancia de la función que desempeñan estos funcionarios judiciales. Le repliqué entonces que, si esta fuera la razón, no entendía ¿por qué el sueldo promedio del personal médico (en 2018) era de alrededor de 12 mil pesos mensuales y los agricultores obtenían tan pocas ganancias viviendo la mayoría de ellos en situación de pobreza, si sus labores son —como hemos comprobado en estos tiempos de pandemia— vitales?

Si se compara con los países de la Organización de Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), es en México en donde las(os) Ministras(os) mexicanas(os) ganan más, seguido de Chile, Australia, Canadá; mientras que en el otro extremo se identifican países como Islandia en donde la diferencia entre el sueldo mínimo y lo que reciben, es de solo 1,563 dólares anuales, Noruega, Suecia y Finlandia en donde ganan el equivalente a 2.13, 2.60 y Finlandia 2.64 salarios mínimos. Es decir, es como si en México nuestros juzgadores ganaran actualmente $9,759.00 mensuales.

Otra de las primeras acciones de López Obrador en diciembre de 2019, fue reducir su sueldo y el de todas(os) las(os) servidores públicos de alto nivel. Su antecesor ganaba mensualmente $259,627, mientras que él ganaría $108,656, es decir casi 42% menos; no obstante, el Ministro Luis María Aguilar, entonces presidente de la Corte, se opuso a que quienes conforman la Corte vieran mermados sus ingresos, argumentando que conforme al artículo 94 Constitucional esto no era posible. Un mes después, el recorte presupuestal que sufrió la Corte y la llegada del Ministro Arturo Zaldívar incidieron para que las(os) Ministras(os) redujeran sus percepciones en 25%, es decir $67,303.00 menos mensualmente.

Definitivamente, trabajar a favor de quienes menos tienen y cerrar las enormes brechas económicas que existen en México, no son elementos para afirmar, por el momento, que México vaya hacia el comunismo. Esa afirmación más bien suena a chiste.

Dra Iris Rocío Santillán Ramírez

Abogada y Criminóloga feminista. Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma Metropolitana, Master en Sistemas Penales y Problemas Sociales por la Universidad de Barcelona, así como Maestra en Criminología y Doctora en Ciencias Jurídico Penales y Política Criminal por el Instituto Nacional de Ciencias Penales. Después de desempeñarse durante varios años en el ámbito de la procuración de justicia, en los últimos 19 años se ha dedicado a la docencia y a la investigación en materia de violencia en contra de las mujeres. Ha dictado conferencias en diversos foros del país y del extranjero y publicado artículos especializados en editoriales de España, Brasil, Argentina y México. Autora de los libros: “Violación y culpa” y “Matar para vivir. Análisis jurídico penal y criminológico con perspectiva de género de casos de mujeres homicidas”, ambos de la editorial Ubijus. Ha trabajado activamente en la capacitación y formación de personal ministerial y judicial en materia de género y derechos humanos de las mujeres. En 2016 recibió la Medalla Omecíhuatl que otorga el gobierno de la Ciudad de México por sus contribuciones en materia de derechos humanos. Actualmente es profesora-investigadora Titular “C” por oposición en la UAM-Azcapotzalco. Investigadora Nacional. Miembro de Número de la Academia Mexicana de Criminología. Forma parte del grupo de trabajo para la activación de la alerta de violencia de género en la Ciudad de México.
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