¿Habrá beneficios por ventilar el operativo “Rápido y furioso” para el presidente López Obrador?

El pasado viernes 8 de mayo de 2020 la periodista independiente Dolia Estévez liberó en su cuenta de Twitter una serie de documentos que implican al gobierno de Felipe Calderón a través de la figura del exprocurador general de la república Eduardo Medina Mora en el operativo rápido y furioso, establece un parangón y abre las puertas a una investigación más amplia por parte del gobierno de México.

A su vez, el día de ayer el canciller Marcelo Ebrard dio a conocer que, en efecto, el Gobierno Federal conocía el vínculo entre Eduardo Medina Mora y el representante de la ATF (Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego por sus siglas en inglés) en Estados Unidos, con el cual se llevó a cabo este acuerdo. El problema no es la introducción de armas al país, si es que se hubiese llevado a cabo por parte del gobierno para equipar la fuerza pública, Militar o Marina del gobierno de México. Sin embargo, muchos de estos equipamientos formaron parte de un cuerpo de sicarios del narcotráfico, ya que algunas de estas armas fueron vinculadas con delitos de narcotraficantes.

Las implicaciones son mucho más profundas y hay un hilo conductor que lleva a reconocer que hay una pretensión secundaria por parte del gobierno federal acerca de estos acuerdos y, específicamente, dos ramificaciones: una en el tema del juicio a Genaro García Luna y dos en las elecciones próximas no las de noviembre del 2020 de las cuales Trump es el contendiente, sino las de 2021 en México.

Las cuentas con el pasado

López Obrador no ha dejado de hacer campaña, ni aún en la presidencia, y como un gran actor político, ha estado defendiendo sus postulados en acción. Por ello, era necesario restablecer su reputación y por eso tiene que hacer cuentas con las administraciones anteriores. López Obrador abrió una puerta para poner en evidencia no a su predecesor directo, sino al enemigo antiguo: Felipe Calderón. Pero el fenómeno es mucho más complejo.

No nos resultan extrañas las aseveraciones que Jorge Castañeda, ex canciller mexicano, ha hecho sobre el trabajo sucio que indirectamente está realizando el gobierno de México con la candidatura de su homólogo en Estados Unidos como efecto secundario. En el fondo, se desconoce el fin de esta investigación, puesto que, en la trama política internacional, México no ha intervenido de forma directa, sino en relaciones comerciales y diplomáticas con Estados Unidos o el gobierno de China durante la pandemia. En el programa “Es la hora de opinar” qué conduce Leo Zuckermann, Castañeda aseveró lo siguiente:

“No dudo que el gobierno de López Obrador y la Secretaría de Relaciones Exteriores claramente quieren que gane Trump. Van a hacer todo lo que puedan dentro de ciertos límites para ayudar a Trump y pegarle a Obama, a Biden, a Holden y a muchos más. Es bastante lógico que haya conflicto entre la gente de Trump y la gente de Obama”.

A muchas personas les resultaría ocioso pensar en estas teorías conspiratorias y profundas del entramado político, pero hay algunas cosas que pueden destacar e incluso que inclinarán la balanza a favor o en contra de algún candidato, no del gobierno estadounidense, sino en las elecciones intermedias en México.

No sería descabellado por parte de López Obrador pensar que el ex canciller Carlos Castañeda, al hacer estas aseveraciones, estaría golpeando la política del Gobierno Federal. Sin embargo, creo que con el derecho que se tiene de emitir una opinión, resulta ingrato querer acallar una voz experimentada, aunque no aliada del gobierno. Algo que está favoreciendo de forma deliberada a un candidato perdedor en la contienda de noviembre, como lo es Trump. Pero a él no le interesa. No es desconocido para los votantes norteamericanos que siempre se hace acopio de los errores de los rivales para poder llegar a tener la aceptación pública por parte de los candidatos oficiales, tanto a la presidencia norteamericana como a la vicepresidencia. Cuando hablamos del partido Demócrata, la balanza se inclina en favor de Biden, ya que los descuidos de Donald Trump lo han hecho fracasar por la manera en que ha sobrellevado la pandemia. Sería iluso pensar que los norteamericanos estuvieran agradecidos con Donald Trump por haberles dejado vulnerables ante la enfermedad de COVID-19 y que como premio harán una elección a favor para repetir cuatro años más de palabras insustanciales y bravuconadas que no sostienen a un gobierno manifiesto de actos, de instituciones o de resultados.

Donald Trump publicó hace unos días en Twitter una frase que implicó a Obama en un supuesto escándalo y que tiene al pendiente a una audiencia extensa con respecto al tema político. Inclusive, puede mostrar algún tipo de revelación profunda entre la administración anterior y la actual. Sin embargo, a pesar de lo que han interpretado algunos periodistas mexicanos como Dolia Estévez, no tendrá escalada mundial el caso de con la operación “Rápido y furioso” o “Receptor abierto”, que fueron actos que se llevaron a cabo en la época en que Medina Mora representaba al gobierno mexicano. Podríamos inclinar la balanza de los hechos que tiene en este momento al borde del caos a Estados Unidos y pensar que Donald Trump, quien puede ganar las siguientes elecciones después de la reacción lenta, frágil y profundamente ineficaz, lo cual ha llevado a cabo por el abandono de su sistema de salud y especialmente por imponer la necesidad económica por encima de la salud pública. Darle el gobierno a un empresario en un momento donde hay que decidir por la vida o el dinero es el peor escenario que pudiera haber esperado el pueblo norteamericano en un momento como este. Donald Trump no está a la altura de las circunstancias históricas y mucha gente ya se dio cuenta de ello.

No es momento de desviar la atención, no es momento de pensar en culpar a otros sobre un problema interno, es momento de resolver los problemas de salud que tiene Estados Unidos. Parodiando una frase muy conocida, los problemas de las Vegas se quedan en las Vegas.

La otra vertiente de los documentos develados por la periodista Dolia Estévez tienen en realidad una anuencia en la visión política interior de nuestro país y la caída indiscutible de las iniciativas de gobierno de los partidos con tendencia conservadora, como lo fue en algún momento el PAN o el PRI en algunos de sus actos públicos. Ahora, lo que se espera es la escalada de esta información donde la implicación a Felipe Calderón como titular del gobierno durante el período de 2006 hasta el 2012 puede resultar en la elección de 2021 a favor del partido en el gobierno y en una aceptación a las iniciativas que propone el Gobierno Federal, especialmente a las causas defendidas por MORENA. Detrás de todo esto, en realidad sí hay un trabajo político y sí se apoya en futuras candidaturas y escaños. Por supuesto, el refrendo del poder político detentado por el presidente en funciones. Lo cierto es que ante la opinión pública los resultados que está ofreciendo el Gobierno Federal en el combate a la pandemia por COVID-19 están subiendo el grado de aceptación a la voz del presidente y las voces que acompañan a su movimiento político que implican al partido MORENA.

El doctor López-Gatell ha resultado una figura clave para el gobierno de AMLO y está llevando la pandemia de forma adecuada, incluso se le ve como un político notable que está dejando muy bien parado al gobierno federal. Eso ha llamado la atención de los opositores que golpean y golpean al gobierno federal porque se acercan las elecciones del 2021. El doctor sólo hace su trabajo, aún no está en campaña al parecer.

Finalmente, no es demasiado halagüeño el porvenir para Genaro García Luna y probablemente tampoco lo sea, dentro del mismo proceso, para el ex presidente Felipe Calderón. La raja política de todo esto la está sacando el gobierno federal con sus respuestas inmediatas de sus principales actores políticos que indudablemente no querrán dejar el poder en los próximos años.

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