El presidente y el Estado de sitio

Me puse a observar la tierra que tenía al alcance de la mano, las piedras más próximas.- Ryszard Kapuściński

En 1948, el escritor Albert Camus representó una obra que se basaba en una alegoría, El estado de sitio, en ella, “la peste” es un joven que se ha apoderado de una ciudad de España e impone su caprichosa autoridad a toda la población en esa época, al final de la Segunda Guerra Mundial. Es una crítica a las dictaduras. El mundo se encontraba en medio de la reconstrucción de Europa. Cualquiera vería algo lejano ese tiempo y muy distante para nosotros; sin embargo, desde la guerra contra el narcotráfico nuestro país se encuentra derrotado como un país de postguerra. Sin lugar a duda hablamos del presente.

Para muestra basta con un ejemplo, hablemos de un estado como Hermosillo, donde el gobierno municipal de Nacozari anunció el jueves 19 de marzo de 2020 el llamado toque de queda. La gente de ese municipio actuó de forma responsable, pero fuera de la ley. Solo el titular del Poder Ejecutivo gracias al artículo 29 de la Carta Magna tiene la facultad de limitar o restringir la libertad de tránsito, siempre y cuando tenga la aprobación de las dos cámaras y sea supervisado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En Nacozari, por otro lado, las fuerzas públicas se unieron para ayudar a mantener a la gente en sus domicilios durante doce horas del día de 8:00 a 20:00 hrs. Ése sería un Estado de excepción, no una emergencia sanitaria.

Sin lugar a duda, un Estado de excepción sería lo que cualquier político de derecha exigiría al gobierno de México. Lo extraño es que después de su petición acusaría al Ejecutivo Federal de blandengue y preguntaría a la ciudadanía: “¿Ése es el tipo de gobierno que deseamos para México?”. El pueblo por su parte respondería: “Tienen razón”. Ése es el juego político siniestro: implanto el problema social y, luego, propongo la solución porque yo lo cree. A la vieja usanza la política “inductiva” hablaba de la causa y el efecto. Se construía el problema o se nutría y, finalmente, se hacía un esfuerzo por combatirlo después de permitir su existencia. Así todos ganábamos. Eso acabó a partir de la llegada del coronavirus Covid-19. La causa es imponderable para la política interior y a veces hasta alegra a la oposición su existencia. Frases como: “¿a ver qué hace el presidente con esto?”, son frecuentes en los pasillos de los partidos de políticos de oposición y en la redacción de los diarios de derecha, pero el problema circunstancial y el silencio providencial hacen de este momento un instante de preocupación colectiva. No es tiempo de enemistades, ni siquiera para el poder de la oposición en la actualidad o las redacciones de diarios.

Hace unos días declaró el primer mandatario mexicano:

“No al Estado de sitio; no al autoritarismo. Lo que decía el presidente Juárez: Nada por la fuerza, todo por la razón y el Derecho. Tenemos que convencer, tenemos que persuadir y afortunadamente contamos con el apoyo de la gente. Nos escuchan. Si no fuese así, sería un desorden y un caos. Pero la gente que nos está viendo, que nos está escuchando, nos respeta como nosotros a ellos”.

Esto no es un estado de sitio. No hay peste aún y no se ha llegado al mal llamado estado de excepción.

La tregua propuesta por Ejecutivo Federal hace ver a medios de cualquier orientación política como esos extraños ambiciosos que no desean ver el beneficio colectivo, sino el fracaso de su opositor común. No alabo las palabras del presidente López Obrador, pero no son los tiempos adecuados de discordia. La emergencia sanitaria obliga a la gente a guardarse en casa y el presidente ha garantizado uno de los derechos humanos fundamentales a pesar de la adversidad, la libertad individual y de movilidad.

La emergencia sanitaria no es el Estado de Sitio que esperan todos los políticos, porque permite la libertad de asistir o no al trabajo y permite la libertad de acción de los gobernados. No importa. Los empresarios pueden estar molestos por las sanciones administrativas, ya que la prevención ha llevado a nuestro país a una tasa muy baja de contagios, hasta el momento 1094 en lo que va del año y solo 28 muertos.

Un país de primer mundo como Italia envidiaría los datos que nosotros tenemos en el número de gente infectada. Hemos ahorrado una serie de escenas dantescas y profundamente tétricas en una sola acción política determinante y con la sabiduría y el conocimiento de un gran hombre. Estamos en una situación de privilegio ante el mundo. El presidente ha aceptado el reto crítico, el presidente ha acatado las medidas necesarias y la prevención es más poderosa que el antídoto.

En la obra de Albert Camus no quiso hacer hincapié en la política dictatorial de su tiempo. Inventó dos personajes ficticios “La peste” y “Nada”, encarnados en esos críticos en el momento más difícil de la humanidad.

Esa humanidad es más importante para el presidente. Sospecho que López Obrador sí es un demócrata, aunque todavía nos hace falta mirar el resultado: No contéis conmigo para representar el perfecto culpable, terminó la Nada.

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