“Les apagaron las luces sin saber que la luz son ellas”

“La lucha y fuerza del feminismo se ha encaminado a reclamar el reconocimiento de los derechos y libertades de las mujeres. Movimiento social de acción colectiva y esencia transformadora”.

Los movimientos sociales han permitido visibilizar la lamentable realidad violenta, impetuosa y agresiva que ha vivido una nación. Son el eje central para el cambio verdadero y trascendental de una sociedad. Adicionalmente, son el portavoz de la lucha y manifestación de rechazo (o aprobación) a las diferentes problemáticas y medidas que se toman ante las necesidades que demanda un pueblo.

No se puede anhelar o soñar con una sociedad de carácter democrático cuando permea y persiste un ambiente de desigualdad, un entorno de discriminación y una latente violencia contra las mujeres. Terriblemente, en México, la igualdad de género sigue siendo un tema inexplorado y apartado de las exigencias de la agenda pública, preocupación que, numéricamente, va en incremento.

El sitio femenicidios.mx, creado por María Salguero en 2016 y reconocido por la ONU y el Women Economic Forum, presenta un diagnóstico de cómo ha evolucionado el feminicidio en México en los últimos diez años. Señala que en lo que va del 2020, se cuentan 133 feminicidios. Es angustiante que sólo algunos casos han alcanzado un mayor conocimiento por parte de la sociedad a través de las redes sociales.

Las mujeres, cansadas de vivir y temer que se atente contra su vida, en los últimos días, han pigmentado las calles de violeta (tono que las sufragistas estadounidenses adoptaron como uniforme en la marcha de Washington a favor de la Enmienda por la Igualdad de Derechos en 1978). En Hermosillo, Sonora, la marcha feminista del pasado domingo 23 de febrero de 2020, acabó a las afueras del Poder Judicial del Estado. La lucha y fuerza del feminismo se ha encaminado a reclamar el reconocimiento de los derechos y libertades de las mujeres. Movimiento social de acción colectiva y esencia transformadora, así describiría a las valientes, osadas, audaces y atrevidas que dan voz y exigen justicia por las víctimas del feminicidio.

La marcha que inició en el Museo de la Universidad de Sonora y concluyó en la puerta principal del Poder Judicial del Estado, por medio de pancartas, torsos desnudos y gritos de impotencia, reclamó el desgarrador aumento de la violencia feminicida en México, la cual, se sustenta en un machismo y misoginia que se ha introyectado como una enfermedad de transmisión social.

Las feministas de Sonora (y en general, de todo el país, de todo el mundo) son sólo el resultado de todas las mujeres luchadoras, que nos concedieron el derecho al voto, la libertad y participación en la vida privada y en la vida política. Así como la esperanza y confianza de un nuevo comienzo.

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